Dominicana arrasa con casi una tonelada de droga y 3.821 detenidos en 30 días
Mil novecientos veinticuatro kilos. Eso pesa lo mismo que un Peugeot 208 y fue lo que la DNCD sacó de la calle en marzo. La cifra habla por sí sola: 984.771 gramos de cocaína, marihuana, éxtasis y otras sustancias que ya no llegarán a los barrios. Tras cada paquete hay una historia de fracaso, violencia y, ahora, esposas.
El mapa del microtráfico que ya no existe
La operación no fue un golpe de efecto. Fue una trinchera: 260 allanamientos, 3.821 arrestos y 37 armas incautadas. Las redes se habían enquistado en Santo Domingo, Higüey, San Pedro de Macorís, Baní, Montecristi, San Francisco de Macorís, San Cristóbal y La Vega. El modus operandi era siempre el mismo: motocicletas sin placas, radios de dos vías y celulares baratos que cambiaban de mano cada semana. Ahora esos teléfonos —1.247— guardan silencio en un depósito.
La DNCD confirma que varios de los detenidos eran cabecillas de células que funcionaban como franquicias: compran la droga por kilo, la fraccionan en dosis de cinco dólares y la distribuyen hasta en kioscos escolares. El crack y el tusi —un polvo rosado de moda— llegaban en sobreterceros desde Venezuela y Puerto Rico. La cocaína, en cambio, seguía la ruta clásica: Colombia, mar Caribe, pequeñas embarcaciones que descargan de noche en playas de Pedernales.

El español que llevó 77 «bolsitas de té» en el estómago
Mientras la red nacional caía, un ciudadano de 39 años intentaba pasar desapercibido en el Aeropuerto de Las Américas. Llevaba vuelo directo a Madrid y, dentro de su cuerpo, 77 cápsulas de cocaína. La radiografía de un médico forense lo delató: los cuerpos extraños dibujaban un collar de sombras en su intestino. Lo que podría haber sido un viaje de negocios terminó en la Jurisdicción de Atención Permanente con cargos por violar la ley 50-88.
El INACIF analiza la mercancía; el Ministerio Público rastrea si el español forma parte de una red que usa al Caribe como puente hacia Europa. Mientras tanto, el cuerpo del detenido sigue expulsando cápsulas: cada una vale en la calle madrileña más de lo que gana un camarero en un mes.
La estrategia no se detiene. La Fuerza de Tarea Conjunta ya prepara la siguiente fase: más drones, más interceptaciones en alta mar y una base de datos facial que cruza rostros en tiempo real. La droga seguirá intentando entrar; la DNCD promete que también seguirá esperándola. La guerra es de desgaste, pero por ahora la balanza pesa 984 kilos a favor del Estado.