Dos mineros ejecutados en la rinconada: el oro que se paga con sangre
Las balas silbaron dentro del socavón antes del amanecer. A las 4:30 p.m. los cuerpos de Denilson Huaynacho Lima, de 23 años, y otro joven aún sin nombre, ya estaban envueltos en mantas y poly-sacos en la vía pública de San Ignacio, La Rinconada. La policía confirma lo que los vecinos sabían: fue ejecución.
La madrugada del miércoles se escucharon ráfagas dentro de la mina. Luego, silencio. El oro de La Rinconada —4 700 m de altura, frío y mercurio en el aire— suele estar bajo la parrilla de bandas que cobran “derecho” de explotación. Esta vez no hubo extorsión: directamente eliminaron a los que no pagaron o que pagaron mal.
El método: atar, disparar y abandonar
Los forenses hablan de shock hipovolémico por proyectiles de arma de fuego, pero la escena lo dice todo: cuerpos maniatados, cabeza bajo saco, rodillas dobladas como quien pide. El modus operandi replica la masacre de Pataz (mayo 2025), donde 13 operarios de la formal R&R fueron asesinados por la misma dinámica: control del filón a sangre.
La diferencia está en el escenario. Pataz es selcemplo en La Libertad; La Rinconada es un campamento sin ley pegado al cielo. Aquí no hay cámaras de seguridad ni registro de ingreso a los socavones. El Estado solo aparece para contar cadáveres.
La Policía Nacional del Perú menciona, entre líneas, a “Los famosos primos”, una fracción local que cobra vacunas de hasta 5 gramos de oro por día. Nadie los nombra en voz alta: el último testigo que lo hizo desapareció en 2022. Su cuerpo nunca apareció.

La morgue de juliaca y la cadena fría de la impunidad
Los cuerpos viajaron 80 km de ripio hasta la morgue regional. La ficha forense quedó archivada bajo el número 142-2025; la segunda víctima sigue siendo “NN-2”. La fiscalía abrió carpeta por homicidio calificado, pero en los pasillos admiten: falta personal, falta presupuesto, falta interés. El 80 % de los crímenes en meseta del oro quedan en estadística.
Mientras tanto, el precio del metal trepa los 2 400 dólados la onza y La Rinconada engorda: 60 000 almas, 2 000 socavones, cero regulación. La última vez que el Ejecutivo habló de “formalización” fue en 2018; la promesa murió enterrada bajo toneladas de escombro y plomo.
Denilson Huaynacho Lima soñaba con juntar suficiente oro para sacar a su familia de Azángaro. Su madre reconoció el cuerpo por un tatuaje de león en el antebrazo. “Me dijo que era su amuleto”, cuenta. El león quedó perforado de bala; el sueño, en la fosa común de la indiferencia nacional.
La noche cae sobre La Rinconada y los generadores de los balnearios de mercurio vuelven a rugir. Dentro de las galerías, el silencio dura lo que tarda una ráfaga. Mañana otro cuerpo puede aparecer envuelto en manta. Y la morgue de Juliaca ya tiene la ficha 143-2025 preparada, en blanco, esperando su turno.