Drew barrymore vende su mansión soñada en westchester por solo 5.000 usd
Drew Barrymore ha puesto en venta su mansión de 7.200 pies cuadrados en Westchester por un precio que suena a error tipográfico: 5.000 dólares. La actriz, que compró la propiedad hace años y la transformó en un reflejo de su estilo ecléctico, ha decidido desprenderse de ella tras una renovación integral que ella misma supervisó. La operación ha generado un terremoto en el mercado inmobiliario de lujo, donde las casas de celebridades suelen superar los 10 millones.
Lo que nadie cuenta es que el precio no es una ganga, sino una estrategia. Barrymore no busca el dinero: busca un nuevo custodio para una casa que, según sus allegados, ya no puede visitar sin llorar. La actriz perdió a su padre en esta misma residencia durante la pandemia, y desde entonces, los pasillos que ella misma diseñó con suelos de roble recuperado y lámparas de araña artesanal le pesan como una losa.
El interior que habla de ella sin pedir permiso
La cocina abierta, con una isla de mármol de Carrara de seis metros, fue donde Barrymore filmó parte de su programa durante el confinamiento. Los ventanales de tres metros de alto dan al jardín donde plantó lavanda y tomates que ya nadie cosecha. El techo del salón principal, de nueve metros, alberga una lámpara de cristal de Baccarat que ella subastó en Sotheby’s y restauró con sus propias manos. En la suite principal, hay dos baños gemelos: uno para ella, otro para sus hijas, con azulejos de Talavera que compró en un mercado de México y que transportó en su propio jet.
La casa de huéspedes, independiente, fue donde se alojó Cameron Díaz durante su divorcio. La piscina climatizada, con azulejos de vidrio soplado, tiene una profundidad variable porque Barrymore odia los bordes rectos. “Quería que pareciera un lago italiano robado”, le dijo a su arquitecto, quien ahora llora cada vez que pasa por la puerta.

Por qué el mercado se frota las manos
Los agentes inmobiliarios de Westchester no ven una venta: ven un evento. La propiedad ha generado 400 visitas en 48 horas, incluyendo a un fondo de inversión de Dubai que quiere convertirla en un club privado y a un millonario de Silicon Valley que planea demolirla para construir una smart-villa. La cifra habla por sí sola: 5.000 dólares es el cebo para una subasta silenciosa que ya supera los 9 millones en ofertas paralelas.
Pero hay un detalle: Barrymore se reserva el derecho de veto al comprador. Quien la adquiera deberá firmar un contrato de custodia emocional: no se puede derribar, no se puede alquilar para eventos y, sobre todo, no se puede pisar el jardín con zapatos. “Es una casa que respira”, dijo a sus amigos. “Y yo solo la dejo ir si alguien promete seguir escuchando su historia.”
La operación ha reabierto el debate sobre el valor sentimental de las propiedades de famosos. Mientras tanto, en el portal de Realtor.com, la ficha de la mansión ya acumula 2,3 millones de visitas. Barrymore, ahora refugiada en un apartamento de SoHo, no quiere saber nada. Solo ha dejado una nota escrita a mano en la puerta: “Que la disfruten más que yo”. La puerta, por cierto, es de roble de 200 años y pesa 300 kilos. Nadie la ha podido cerrar del todo desde que ella se fue.
