Drones ucranianos sacuden el corazón energético ruso: 36 impactos en ust-luga
El puerto de Ust-Luga, terminal clave del gas ruso en el golfo de Finlandia, amaneció este viernes con el humo negro como testigo de una noche de fuego. 36 drones ucranianos perforaron el cielo de la región de Leningrado. No hubo muertos, pero sí una herida en la infraestructura que Moscú considera inexpugnable.

El incendio que no figuraba en los planes del kremlin
Alexandr Drozdenko, gobernador de la zona, confirmó los daños en la terminal portuaria a través de Telegram, ese altavoz de guerra que ha sustituido los comunicados oficiales. El fuego, que se extendió por varias horas, fue contenido por bomberos rusos. La imagen es la misma de siempre: drones contra tanques de almacenamiento, una ecuación asimétrica que Ucrania repite desde hace meses.
Lo que nadie cuenta es que este ataque es el segundo en menos de una semana contra el mismo punto. El puerto de Ust-Luga no es un simple muelle: es la salida al mar de los hidrocarburos que Rusia ya no puede vender por tuberías a Europa. Golpear aquí es golpear el bolsillo del Kremlin, no solo su orgullo.
El Ministerio de Defensa ruso elevó la cifra total de drones derribados en toda la nación a 203. La cifra habla por sí sola: Kiev está intensificando la presión antes del verano, cuando el frente podría tensarse aún más. Moscú responde con cifras de interceptación, pero no con imágenes de los destrozos reales. La información es también un campo de batalla.
En Ust-Luga, los trabajadores volvieron a sus puestos apenas apagadas las llamas. El gas seguirá fluyendo, pero la sensación de vulnerabilidad ya se ha instalado. Y esa, en una guerra de desgaste, es una forma de victoria que no se mide en metros cuadrados.