Argentina aceita el salto al 15% de bioetanol y ya se fragua la era flex
El Gobierno acaba de abrir la válvula: las naftas podrán llevar hasta 15% de bioetanol para amortiguar el golpe del petróleo importado. La medida suena transitoria, pero en los laboratorios de Oreste Berta (h) ya hay datos de cinco años que la desmienten. El país, dicen los números, está listo para subir el corte hasta 27% sin tocar un tornillo del motor.
La frase no es un deseo verde: es el resultado de una prueba a ciegas con la flota de la Provincia de Córdoba, la más grande que circula sobre etanol de maíz. Más de 300 vehículos, distintas marcas, entre taxis y camionetas oficiales, rodaron desde 2018 con mezclas de hasta 27%. Los informes de desgaste —a los que accedió este diario— muestran un 2% de incremento en consumo, pero cero fallas en inyectores, válvulas ni catalizadores. La única advertencia: hay que cambiar filtros un poco más seguido.
Brasil ya factura con el 27% y nadie se queja
Mientras en Argentina se debate si 15% es mucho, en Brasilia el corte mínimo es 27% y el consumidor ni lo nota. Allí los mismos modelos que se fabrican en Córdoba y se exportan por el puerto de Rosario ya salen de línea con tecnología Flex Fuel. El truco está en los materiales del sistema de combustible y en un sensor que lee el porcentaje de etanol y ajusta la mezcla en tiempo real. La pieza cuesta 38 dólares. Se instala en la línea de montaje como un accesorio más.
Berta lo resume con la frialdad del ingeniero que vio correr motores durante 2.400 horas en bancos de prueba: "El margen de seguridad de los autos argentinos actuales está sobredimensionado. El problema no es técnico, es regulatorio". La frase es una indirecta al Gobierno: hasta hoy no existe una norma que habilite la venta de vehículos Flex en el mercado interno, aun ya se ensamblan aquí.

El campo acecha el negocio y el fisco también
Detrás del biocombustible hay un lobby que no suele hacer ruido: el maíz piscu. Cada punto porcentual que suba el corte representa 320 mil toneladas adicionales de grano que dejan de colapsar los elevadores de Rosario. El productor recibe un precio sostenido por contrato y el fisco se ahorra la importación de 300 millones de litros de nafta al año. La ecuación es tan simple que el ministro de Economía la estudia en silencio: por cada dólar que no se va en petróleo, queda medio dólar en retenciones al campo.
Pero hay una condición que nadie firma todavía: el acuerdo federal para que la mezcla suba en forma escalonada y sin vueltas atrás. La provincia de Santa Fe pide garantías de abastecimiento; las petroleras, un precio de referencia que no dependa del valor internacional del barril. La negociación se encierra esta semana en secreto.

El 100% de etanol ya tiene fecha, pero es para después
El E100 —etanol hidratado puro— no es ciencia ficción: en São Paulo los kits de conversión cuestan 1.200 dólares y se instalan en dos días. Pero en Argentina el parque usado —12 millones de vehículos— necesitaría una sastrería legal antes que una llave inglesa. Berta apuesta por una transición más lenta: "Primero flexibilizar el 27%, después veremos el 100%". La razón es fría: con 27% el ahorro empezará a verse en la boleta sin tocar el bolsillo del consumidor.
El reloj corre a favor del etanol. A medida que el crudo se dispara, la brecha de precios con el biocombustible se ensancha. En los últimos doce meses el etanol de maíz se negoció un 18% por debajo de la nafta sin impuestos. El dato, calladito, ya llegó al despacho presidencial. La decisión, ahora, es política.
