Argentina creció 4,4% pero el dato real es 2,1%: la trampa estadística de milei

El número que el gobierno de Javier Milei exhibe con orgullo tiene una trampa adentro. La economía argentina creció un 4,4% en 2025 comparado con 2024, sí. Pero ese porcentaje es, en buena medida, el eco de una recuperación que ya había ocurrido a finales del año anterior. Medido de punta a punta, de enero a diciembre de 2025, el avance fue de apenas el 2,1%. La diferencia no es un tecnicismo contable: es la distancia entre un relato y una realidad.

El crecimiento que no llega a todos los bolsillos

Martín Rapetti, doctor en Economía por la Universidad de Massachusetts, director ejecutivo de Equilibra e investigador del Conicet, lo explica sin rodeos: el crecimiento existe, pero se concentra en agro, minería, energía y actividad financiera. La industria manufacturera, la construcción y el comercio retrocedieron. No son sectores menores. Son los que emplean a la mayoría de los argentinos que viven en las ciudades.

El mapa del consumo confirma esa fractura. En los centros urbanos, la quita de subsidios a los servicios públicos, el encarecimiento de los alquileres y el aumento de los servicios privados se combinaron para comprimir el gasto de las familias. Mientras tanto, en el interior del país, los proyectos energéticos y mineros y las retenciones más bajas al agro sostienen una economía que, literalmente, vive en otro país.

190.000 Empleos formales que se convirtieron en changas

190.000 Empleos formales que se convirtieron en changas

El empleo total está casi estancado desde que Milei asumió. Pero ese estancamiento esconde un deterioro que los agregados no muestran. El empleo privado registrado cayó en unas 190.000 personas. Lo que creció, en una magnitud similar, fue el empleo informal independiente. Trabajadores con cobertura social, aportes jubilatorios y estabilidad que hoy hacen changas para llegar a fin de mes. Es un retroceso cualitativo que ningún promedio captura con honestidad.

Rapetti descarta que la reforma laboral impulsada por el gobierno vaya a revertir este cuadro en el corto plazo. Al contrario: reducir los costos de despido puede facilitar más salidas que entradas. Los efectos positivos, si llegan, serán a mediano o largo plazo. Mientras tanto, la creación de empleo depende de algo más sencillo y más esquivo: que la economía crezca de verdad.

El consumo que subió cuando todo lo demás bajaba

El consumo que subió cuando todo lo demás bajaba

Hay un dato que descoloca: el Indec registró un aumento del consumo privado del 7,9% en 2025 respecto de 2024. El número no encaja con casi ningún otro indicador disponible. Los salarios reales cayeron. El empleo formal se contrajo. El crédito se desaceleró. Los indicadores de consumo masivo mostraron estancamiento.

Rapetti no lo descarta de plano, pero lo matiza con precisión quirúrgica: los datos puntuales pueden estar influidos por efectos estadísticos que revisiones futuras corrigen. Y lanza una advertencia que vale la pena subrayar: resulta difícil imaginar que ese crecimiento del consumo se sostenga cuando los salarios pierden poder de compra, el crédito a las familias se contrae y el peso del pago de deuda bancaria de los hogares crece, quitándole espacio al gasto cotidiano.

El banco central compró usd 25.000 millones y acumuló poco más de usd 1.000

Desde que asumió Milei, el Banco Central compró en el mercado de cambios más de USD 25.000 millones. La cifra impresiona. Pero al descontar los depósitos encajados y los desembolsos del FMI, la acumulación efectiva de reservas apenas supera los USD 1.000 millones. La diferencia entre lo que entra y lo que queda tiene un nombre: pago de deuda. Y el problema es que ambas cosas, acumular reservas y pagar vencimientos, no caben al mismo tiempo con el tipo de cambio actual y sin acceso a los mercados de capitales a tasas razonables.

Rapetti valida la dirección del Banco Central, pero considera que debería estar comprando más. Para acumular reservas genuinas, probablemente haya que sostener un tipo de cambio más alto. Una incomodidad que el gobierno ha evitado nombrar.

El escenario externo que nadie puede controlar desde buenos aires

La estrategia oficial para 2026 tenía una lógica: acumular reservas con la cosecha gruesa, mejorar el perfil financiero del país y emitir deuda para refinanciar vencimientos hasta el fin del mandato. Era un plan ordenado. Luego llegó el conflicto en Medio Oriente.

Un escenario de estanflación global, con tasas de interés internacionales más altas de lo previsto, hace que bajar el riesgo país y colocar deuda en los mercados se vuelva considerablemente más difícil. Si el conflicto se prolonga, la volatilidad financiera puede escalar. Y el margen del gobierno para maniobrar se achica.

Hay un segundo factor externo que Rapetti señala con franqueza: el resultado de las elecciones de medio término en Estados Unidos. La alianza entre Milei y Trump no es solo ideológica; tiene efectos concretos sobre la percepción de riesgo de argentina en los mercados. Si Trump sale fortalecido, el gobierno argentino se beneficia de ese paraguas. Si pierde, la incertidumbre se traslada.

Lo que la sociedad apoya y lo que todavía no ha cobrado

Rapetti rechaza la idea de que los argentinos son especialmente tolerantes con la mala gestión económica. Los datos electorales en argentina, y en el mundo, muestran que los oficialismos pagan el precio cuando el desempleo sube, los salarios caen y la inflación no cede. Eso no cambia aquí.

Lo que sí reconoce es que la sociedad ha apoyado al gobierno de Milei hasta ahora, a pesar de que el poder adquisitivo y el empleo están lejos de recuperarse. Su lectura: la gente está respaldando a un gobierno que intentó corregir desequilibrios profundos, el déficit fiscal, la inflación desbordada, el desorden monetario. Es un crédito político. Pero los créditos se vencen. Y si de acá a las elecciones presidenciales la economía no muestra señales más contundentes de recuperación en empleo e ingresos, ese respaldo puede evaporarse con la misma velocidad con que llegó.

La economía argentina lleva dos años creciendo en los sectores que menos empleo generan y contrayéndose en los que más lo hacen. El 2,1% de crecimiento real en 2025 es el número que el gobierno prefiere no mostrar en el cartel.