Argentina se bifurca: while el litio y el gas despegan, los zapatos se hunden
Dante Sica lo resume con la frialdad de quien ya vio este despegue asimétrico: en Neuquén el viento huele a gas y el dinero late; en el conurbano, las fábricas de calzado cuentan los días. La misma moneda, dos velocidades que ni se miran.
El 3 % que esconden los mapas
El economista apuesta a que el PBI trepará por encima del 3 % este año, pero la cifra es una trampa estadística: detrás del promedio se esconde un cambio de régimen que castiga al que produce electrodomésticos y premia al que perfora roca madre. La inflación mensual que se niega a bajar del 2 % actúa como un freno de mano para el consumo masivo, mientras los passajes de cabotaje vuelan de las agencias porque el aire ya no alcanza para tanta urgencia de escapar.
El Gobierno, dice Sica, dejó de mirar la torta y empezó a repartir migajas: primero exprimió la política monetaria hasta que el dólar sangró, luego abrió la canilla de liquidez cuando sintió que el motor se ahogaba. Los bancos, seducidos por la tasa, ahora prestan con la misma velocidad con la que antes se escondían.

Cuando cerrar la puerta es negocio
La reconversión no se anuncia en conferencias de prensa; se huele en los galpones vacíos. Más de diez fábricas de heladeras sobrevivieron durante años gracias a un mercado cautivo y una inflación que camuflaba la ineficiencia. Hoy, una heladera importada llega por el mismo precio que una nacional mal contada. El resultado: cierres silenciosos que no hacen titulares porque no hay piquetes, solo camiones de mudanza.
Pero hay una puerta que se abre al mismo tiempo: la minería y la energía demandan válvulas, tubos, software, catering, seguridad. La lógica se invierte: no se trata de vender más, sino de vender distinto. El proveedor de repuestos para línea blanca que no se reinventó ya está liquidando stock en Mercado Libre; el que advirtió el cambio de viento ahora sella contratos por tres años para suministrar paneles solares en Fiambalá.

La argentina que ya no pide permiso
El mundo, desquiciado por la guerra y la obsesión por el control de cadenas de valor, miró al sur y descubrió lo que el propio país se había olvidado: litio, gas, cobre, alimentos. De ser el eterno problemático, la Argentina pasó a ser el proveedor de lo que nadie quiere quedarse sin. El flete sube, el fertilizante escasea, pero la factura se paga sin chistar porque el comprador ya no negocia: acapara.
Sica no predice un milagro; describe un despegue a mediano plazo que ya empezó, silencioso, en el desierto de Salta y en los pozos de Vaca Muerta. Mientras tanto, en el conurbano, el que fabricaba zapatillas todavía revisa la cuenta corriente esperando que el consumo deje de amesetarse. La respuesta llegará, pero no para todos: la reconversión no es justa, es implacable.
