El 1° de abril buenos aires se vuelve más cara: 5% en colectivos, subtes y peajes que ya castigan el bolsillo

A partir del martes 1° de abril viajar en el AMBA volverá a doler. Colectivos, subte y peajes trepan otro 5% en un ajuste automático que ya parece una ruleta sin freno: el tercer empujón en lo que va del año. La fórmula es la misma que anuncian los técnicos del Ministerio de Transporte con sorna: inflación pasada más 2% de recargo. El resultado, para el bolsillo, es un pasaje mínimo de colectivo en Capital que roza los $720 y un viaje en subte que supera los $1.400 si la SUBE no va a tu nombre.

El mapa de la hostilidad tarifaria

En la Ciudad, la Sección 1 de colectivo (hasta 3 km) costará $715,24 la tarifa plena y $1.137,26 para quien no haya puesto el DNI en la SUBE. El mensaje es brutal: registrate o pagá. El tramo de 12 a 27 kilómetros, habitual en el conurbano, se irá a $917,24 plena y $1.458,46 sin nominalizar. En el Gran Buenos Aires el techo toca $1.266,73. Hacer la cuenta mensual para un laburante que viaja dos veces al día es fácil: arriba de $50.000 solo en colectivo.

El subte, ese viejo orgullo porteño, también sube. La base con SUBE registrada será de $1.414; sin ella, $2.248,26. El descuento por frecuencia se reduce: a partir del viaje 41 se pagará $848,40, pero solo si la tarjeta está a nombre. El Premetro, ese hijo menor del sistema, se despacha en $494,90 y $786,89, respectivamente. La brecha entre ambas modalidades ya supera el 60%.

Los peajes, la autopista que se paga dos veces

Los peajes, la autopista que se paga dos veces

Salir de la Capital por la 25 de Mayo o la Perito Moreno costará $5.920,33 en hora pico para autos particulares. La Illia se llevará $2.461,30. Quienes cruzen el Alberti, el más barato, pagarán $1.670,89 cuando el reloj marque rush hour. La lógica del costo de la velocidad redobla el golpe: se castiga la urgencia del trabajador que no puede elegir horario.

El esquema de indexación mensual —inspirado en la desaparecida tabulación de los servicios privatizados de los '90— asegura que el incremento vuelva cada 30 días. Ni siquiera la inflación desacelerada frena la punzada: el adicional fijo del 2% actúa como un seguro para las concesionarias contra la volatilidad que el resto de la economía sufre.

Mientras tanto, el salario medio formal subió apenas 2,8% en febrero. La ecuación es demoledora: el transporte le gana a los ingresos por tercer mes consecutario. El ajuste silencioso ya no avisa con anuncios en los diarios; se desliza por la baja de la batería del celular cuando llega el mensaje de carga exitosa y el saldo restante parece una broma de mal gusto.

En la trinchera del conurbano, donde el colectivo es la única alternativa a la inexistencia de trenes, la frase de turno se repite en cada parada: “Esta semana me aumenta más el boleto que el sueldo”. La metáfora es aguda: el AMBA se convierte en una ciudadela donde el derecho a moverse se licita cada mes. El próximo capítulo, ya anunciado, llegará el 1° de mayo. El calendario es el único transporte que nunca se retrasa.