El convenio de comercio suma $20.000 y los sueldos ya rozan los $1,2 millones

El bolsillo de los empleados de comercio respirará un poco más en abril: la última paritaria les garantiza $120.000 en conceptos fijos no remunerativos, tras la incorporación de un adicional de $20.000 que se sumará al ya vigente esquema de $100.000. El aumento llega en medio de una inflación que no cede y deja al personal de maestranza apenas por encima del millón de pesos brutos.

La fórmula que desplaza al salario básico

La clave está en la composición. El convenio mantiene el básico congelado por categoría y compensa con sumas fijas que no alteran la base imponible. Resultado: un cajero cobrará en torno a $1.215.513, un administrativo $1.210.613 y un auxiliar especializado $1.223.879. El 5 % remunerativo —que se pagará en tres cuotas: 2 % en abril, 1,5 % en mayo y 1,5 % en junio— apenas modifica esa foto, porque impacta sobre un básico que representa cada vez menos del total.

El sindicato (FAECyS) y las cámaras empresarias (CAC, CAME y UDECA) sellaron la medida sin tocar la tabla escalonada de categorías. Es decir: la suba real llega por la ventana de los bonos, no por la puerta del convenio. Ventaja para las empresas: no incrementa contribuciones patronales. Ventaja para el trabajador: cobra antes y sin negociación individual. Desventaja para ambos: el ajuste queda atado a la voluntad política de renovar los montos cada pocos meses.

El espejismo de los $1,2 millones

El espejismo de los $1,2 millones

La cifra engaña. Los $120.000 extras no se computan para el aguinaldo, la indemnización ni el vacation premium. Tampoco se actualizan automáticamente por inflación. Con una inflación anual que supera el 250 % interanual, el poder adquisitivo se desvanece apenas se firma el acta. El trabajador de maestranza, el más bajo de la escala, necesitará más de un salario completo para comprar el mismo combo de alimentos que en marzo del año pasado.

La jugada, en síntesis, repite la lógica de los últimos años: congelar el básico, exprimir la creatividad contable y repartir bonos que se volatilizan. Funciona como anestesia de corta duración: calma el dolor hoy, pero no cura la herida mañana. Mientras tanto, el consumo interno sigue en terapia intensa y el comercio, que debería ser motor, termina siendo un espejo de la economía que no logra despegar.