El empleo que crece y el salario que se hunde: la paradoja argentina tras 18 meses de milei

El Indec acaba de confirmar lo que muchos sospechaban: en Argentina se fabrican más ingenieros y más operarios que nunca, pero el bolsillo no lo nota. Entre diciembre de 2023 y el mismo mes de 2025 el sector de profesionales ganó 137.800 puestos y el de operarios especializados absorbió a otros 161.100 trabajadores. Mientras tanto, el salario real del sector privado registrado sigue en picada y la informalidad ya toca los 8,2 millones de personas.

La puerta de entrada al mercado se llama necesidad

La razón de esa desconexión entre título y ingreso no está en la calidad de las universidades ni en los planes de estudio. Está en la urgencia. Cada vez más jóvenes interrumpen la carrera para llevar plata a la casa; la prueba está en el aula: creció 2,7 % la proporción de ocupados con primaria incompleta y se redujo 3,8 % el grupo con educación superior completa. El resultado es una fuerza de trabajo técnicamente más preparada que en promedio estudia menos que hace dos años.

El mercado lo sabe y se adapta. Las grandes compañías petroleras, las autopartistas y hasta los call center instalaron academias internas de formación rápida: tres meses de soldadura, seis semanas de programación básica, un curso de Excel para despachar facturas. El objetivo no es elevar el nivel educativo del país, es llenar el hueco que dejan los que no terminan la secundaria. El mensaje que recibe el obrero es demoledor: la credencial la da la fábrica, no el aula.

Productividad en alza, pero desde el fondo del pozo

Productividad en alza, pero desde el fondo del pozo

El dato que enciende la alarma aparece cuando se cruza el PBI con el número de ocupados: la productividad creció 4,9 % interanual, pero esa cifra ilusiona. El nivel real apenas supera las 111 unidades, muy lejos de las 120 que promedió la economía entre 2004 y 2023. Traducción: Argentina produce más por persona, pero desde un pozo tan profundo que el salario real aún no alcanza a remontar.

La brecha se agrava con la informalidad. En 24 meses se crearon 559.000 empleos en negro y se destruyeron 513.000 en blanco. El fenómeno convierte a la precariedad en la principal vacante del mercado: el 38 % de los ocupados ahora trabaja sin aportes, sin aguinaldo garantizado y con la negociación individual como única herramienta frente a la inflación.

El desempleo que viene con curriculum

El desempleo que viene con curriculum

Otra señal que desmiente la recuperación: de los 425.900 nuevos desocupados, 346.200 ya habían tenido un empleo previo. No son jóvenes que buscan su primera experiencia; son adultos que perdieron el puesto y no lo recuperan. La antigüedad no protege: los mayores de 30 años son los únicos que aumentan su participación laboral, pero lo hacen aceptando changas, dobles turnos y salarios que apenas les alcanzan para mantener el nivel de vida que tenían en 2015.

La radiografía del Indec termina de dibujar el círculo vicioso: mientras más crece la demanda de perfiles calificados, más se estrecha el acceso a la educación formal. La fábrica destrona a la escuela, el curso express reemplaza a la carrera y el salario se hunde aun cuando los indicadores de empleo trepan. El Gobierno celebra los números de ocupación; los gremios denuncian la pérdida del poder adquisitivo. Ambos tienen razón, y esa es la tragedia: en Argentina ahora se consigue trabajo rápido, pero se gana cada vez menos.