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El salario mínimo argentino retrocede 25 años y arrastra al empleo formal al borde del abismo

Argentina acaba de firmar su patente de pobreza: en febrero de 2026 el salario mínimo compra menos que en diciembre de 2001, cuando el estallido de la convertibilidad dejó a medio país colgado de un cajero. El dato no es un error de imprenta: son 25 años de historia que se desvanecen entre los dedos de quienes hoy cobran 322.200 pesos que ya no alcanzan ni para la mitad de la canasta básica.

El Instituto Interdisciplinario de Economía Política de la UBA acaba de entregar la radiografía completa: entre noviembre de 2023 y febrero de 2026 el salario mínimo real perdió casi 38% de poder adquisitivo. La caída de 2025 fue solo del 9%, pero bastó para que el ingreso formal toque piso incluso más bajo que el que se pagaba cuando los supermercados ardían y De la Rúa abandonaba la Casa Rosada en helicóptero.

El empleo formal se derrite en 14 provincias

Mientras el salario se desploma, el mercado laboral ya no actúa como amortiguador. El SIPA contabilizó 10.016.000 asalariados formales en diciembre de 2025, la misma cifra que en junio de 2022. Traducción: tres años y medio de estancamiento que borraron cualquier atisbo de recuperación. La merma de 109.000 puestos respecto a diciembre de 2024 significa que cada día se destruyeron 298 empleos formales, domingos incluidos.

La geografía del desempleo castiga con saña a San Luis (-0,9%), Chaco y Catamarca (-0,7%). Pero el golpe bajo llega desde Buenos Aires y Córdoba, que concentran el 57% y 18% de la destrucción del empleo privado. En otras palabras: la mitad del país se queda sin trabajo mientras la otra mitad mira para otro lado.

La brecha que nadie cierra

La brecha que nadie cierra

La inflación no solo come salarios; devora expectativas. Entre septiembre y octubre de 2025 el salario mínimo se quedó petrificado en 322.200 pesos mientras los precios galopaban a un ritmo que el Banco Central no logró domar. El resultado: siete meses consecutivos de caída real que solo encontraron un respiro coyuntural cuando el aumento nominal logró empatar la suba de precios. Fue un espejismo.

Comparado con el pico de septiembre de 2011, el salario mínimo de febrero de 2026 vale apenas un tercio. Para encontrar un ingreso tan raquítico hay que remontarse al corralito, cuando los bancos cerraban sus puertas y los argentinos perdieron sus ahorros. La diferencia es que entonces hubo un estallido social que sacó a cinco presidentes en diez días. Hoy el descontento se mastica en silencio, entre turnos de taxis y changas que completan el final de mes.

El informe de Roxana Maurizio y Luis Beccaria cierra con una frase que suena a epitafio: “En todos estos meses los incrementos del salario mínimo nominal resultaron inferiores a la variación de precios”. Ni siquiera los economistas se atreven a pronosticar cuándo terminará la sangría. Mientras tanto, Argentina sigue contando billetes que ya no valen nada y mirando el reloj que marca 2001.