El tesoro logra colocar apenas 131 millones en dólares y expone su propio techo financiero
La Secretaría de Finanzas celebró un éxito que en realidad es una señal de alarma: colocó ayer USD 131 millones en adhesión posterior a la licitación de Bonar 2027 y 2028, pero la demanda se derrumbó a la mitad del techo permitido y no sobró ni un solo billete.

El mercado votó con la billetera: menos riesgo argentino y plazo más corto
El Bonar 2027 (AO27) se llevó USD 97 millones a una TIREA de 5,12 % y TNA de 5,00 %, mientras que el Bonar 2028 (AO28) apenas sumó USD 34 millones con tasas que saltaron al 8,86 % de TIREA y 8,52 % de TNA. La diferencia de 370 puntos básicos entre ambos títulos traduce el desprecio que los inversores le tienen al horizonte más lejano.
El dato que nadie menciona en el comunicado oficial: el Tesoro tenía autorización para ampliar la operación hasta USD 200 millones —USD 100 millones por bono— y ni siquiera llegó. La adhesión fue “perfecta” solo porque las ofertas coincidieron con el volumen mínimo que el equipo de Sergio Massa estaba dispuesto a aceptar, sin rechazos ni remanentes, sí, pero también sin entusiasmo.
La jugada buscaba dólares frescos sin tocar las reservas del Banco Central, ahora en franco descenso. Consiguió apenas el equivalente a 5 % de lo que el Tesoro debe pagar por intereses de deuda externa en lo que resta del año. El mensaje es brutal: el mercado local ya no da más.
Detrás del tecnicismo de “colocación por adhesión” se esconde la evidencia de que el fisco argentino financiará el déficit con el mismo circuito de siempre: pesos que se dolarizan vía bonos cortos y tasas que se disparan cuanto más lejos mira el calendario. La curva de rendimiento ya no es tal: es un acantilado que empieza en mayo de 2027 y termina en default implícito.
El viernes fue la licitación, ayer la adhesión y mañana vendrá la cuenta de cómo se paga. Mientras tanto, el Tesoro sigue girando el timón de un barco sin velas. La próxima subasta, en junio, tendrá que ofrecer tasas aún más altas o encogerse aún más. El mercado ya anticipó su voto: le conviene el bono que vence antes, porque después ya no confía ni en el horizonte.
