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Heathrow se queda sin subida: la autoridad frena su tarifa y le recorta 1.700 millones

La Autoridad de Aviación Civil del Reino Unido ha torpedeado el plan de Heathrow de encarecer sus tasas de aterrizaje un 17%. La factura por pasajero subirá solo 40 peniques hasta 2031, no los 4,86 libras que pedía el aeropuerto. En la práctica, la mayor escala de Europa tendrá que apañarse con 1.700 millones menos de lo que contaba.

El corte que deja a heathrow con la miel en los labios

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El regulador fija ahora un tope de 28,80 libras por cliente, frente a las 33,26 que reclamaba la infraestructura. Las aerolíneas, que ya amenazaban con trasladar el aumento al billete, respiran; los inversores del grupo cotizado estudian cómo suavizar el golpe. El consejero delegado, Thomas Woldbye, advirtió ayer que la rebaja «obligará a elegir entre servicio y plazos».

La historia se repite. En 2023 Heathrow perdió un recurso contra la misma autoridad y se vio forzada a rebajar sus cargos casi un 20%. Entonces lloró falta de fondos para modernizar los sistemas eléctricos. Un año después, un incendio en una subestación cercana dejó sin luz la terminal y canceló 1.300 vuelos. La lección no caló.

El plan ahora recortado pedía 10.000 millones de libras para ampliar la capacidad en 10 millones de pasajeros anuales y reconvertir la T5. La CAA cree que con 6.100 millones basta. El dinero irá a cables, plantas de energía y renovación de plantas de equipajes. La tercera pista, ese sueño hormiguero que lleva dos décadas en los cajones, ni aparece en el informe provisional. La decisión definitiva llegará en abril de 2025.

Selina Chadha, directora de mercados de consumo de la CAA, resume la ecuación: «Proteger la cartera del viajero y, al mismo tiempo, que Heathrow siga siendo un negocio rentable». Traducción: el pasajero paga, pero no pagará lo que pide el monopolio.

El aeropuportunario, que ya factura más de 1.400 millones anuales solo por tasas, tendrá que buscar otra vía: bonos, deuda, o recortar dividendos. Mientras, los planes de crecimiento se quedan a medio gas. La batalla entre Heathrow, las líneas aéreas y el regulador es un pulso de poder que se resuelve en 40 peniques. Parece poco, pero mueve miles de millones. Y en eso, la CAA ha dicho basta.