La guerra enciende el jugoso negocio del gnl argentino

Los barcos metaneros ya no atracan solo en la fantasía de Vaca Muerta. La sangría de Medio Oriente volvió carísimo el gas que compramos en invierno y, de paso, colocó al país en la antesala de un negocio que promete 45 000 millones de dólares anuales cuando empiece a vender, no a comprar, GNL.

El dinero que sobra y el que falta

En Houston, Horacio Marín salió a flanco: «Conseguimos más del doble del financiamiento que necesitábamos». La frase suena a bravata hasta que se desmenuza: YPF ya cerró con ENI y con el brazo internacional de Adnoc un contrato para licuar 12 millones de toneladas anuales; Pan American Energy, con SEFE alemana, suma dos millones más desde 2027. El objetivo declarado es exportar el equivalente a lo que hoy se embarca en 20 días de consumo local, pero cobrado a 18 dólares el millón de BTU en lugar de los 4 que cuesta el gas de Neuquén.

La ecuación se desquicia apenas se mira el lado B. Entre junio y agosto se importarán unos 20 barcos para cubrir el pico invernal. Cada uno cuesta entre 30 y 55 millones de dólares, según si el TTF —el índice europeo que ahora ronda los 23 dólares— se dispara o se aquieta. La factura total puede rozar los 1 200 millones de dólares, justo el respiro que el Banco Central no tiene.

El invierno que llega sin red de contención

El invierno que llega sin red de contención

Mientras los promotores de Vaca Muerta dibujan plantas flotantes de licuefacción en diapositivas, el gasoducto Néstor Kirchner sigue sin la tercera etapa que permitiría traer 14 millones de metros cúbicos extra desde el sur. La obra arrastra meses de demora y este año no estará. Tampoco las tres plantas compresoras que Transportadora de Gas del Sur prometió para elevar el flujo a 30 MMm3/día. El resultado: el viernes 30 de mayo la Secretaría de Energía recibirá ofertas para que un privado —no Enarsa— importe el GNL que falta. El ganador deberá pagar el precio spot y luego revenderlo a distribuidoras con tarifas congeladas desde enero. El margen es tan estrecho que varias empresas ya advirtieron que, si el gobierno no autoriza un aumento, preferirán cerrar el grifo a la industria antes que perder plata.

La ironía es brutal. argentina ostenta la segunda reserva mundial de gas no convencional, pero cada julio le ruega a Bolivia unos 6 MMm3/día y le compra baratas a Trinidad o a EE. UU. lo que prometerá vender caro dentro de dos años. El «pico de consumo» supera los 90 MMm3/día; la producción local se estanca en 70. La brecha, hoy, se cubre con barcos que vienen de 12 000 km y con precios que duplican el costo del gas nacional.

El negocio que empieza donde termina el subsidio

El negocio que empieza donde termina el subsidio

El presidente de YPF habla de «turbina de exportaciones»; el Instituto Argentino de Energía advierte que, para que esa turbina arranque, hace falta inversiones por 20 000 millones de dólares en trenes de licuefacción, puertos profundos y buques metaneros. Ninguno está aprobado. La «decisión final de inversión» se posterga para diciembre, justo cuando se conocerá si el nuevo gobierno mantiene el cepo cambiario y la retención al gas exportado. Wall Street ya especula: si el dólar oficial se va a 1 200 pesos, el negocio deja de ser redondo; si se liberan los precios internos, Vaca Muerta podría duplicar su producción en cinco años.

Mientras tanto, el consumidor residencial —el único que la resolución 33/2026 blinda contra cortes— ni siquiera imagina que cada calefón que enciende en julio podría estar alimentado por un cargamento que costó 20 millones de dólares atravesar el Atlántico. La factura le llegará disfrazada de «cargo estacional» en la boleta de gas. Y la argentina seguirá siendo, al menos por ahora, un país que exporta sueños de GNL mientras importa pesadillas de invierno.