Milei recorta $67.000 m y deja al país sin déficit: la hoja de ajuste que nadie pidió
La tijera de Javier Milei ya no es metáfora. En 26 meses desmanteló el 26,5% del gasto público nacional, ahorró 67.000 millones de dólares y convirtió un agujero fiscal en un superávit de 0,2 puntos del PBI. El informe que acaba de publicar el Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf) desmenuza la carnicería: 11,1 puntos del PBI arrancados de golpe, el ajuste más brutal desde los noventa, aunque esta vez sin hiperinflación… todavía.
La cuenta que nadie firma
Para entender la magnitud, basta con traducir los puntos porcentuales a impuestos. Lo que el Estado dejó de gastar equivale a suprimir de un plumazo el impuesto al cheque, las retenciones a la soja, la mitad de Ingresos Brutos que cobran las provincias y el impuesto PAIS. O, dicho de otro modo: el 70% de los tributos que los economistas llaman “distorsivos” desaparecerían si se devolviera todo lo recortado. Nadie lo propone, pero la cifra habla por sí sola: hay margen de sobra para una revolución tributaria… o para financiar la campaña 2027.
El truco está en la distribución. Del ajuste total, 4,6 puntos del PBI se los quedó el Tesoro para cerrar el déficit y sobrarle un poco. Solo 0,5 puntos se tradujeron en menos presión impositiva. El resto se evaporó: cayó la recaudación por la recesión y se licuó la coparticipación por la inflación. Las provincias, que ya venían magras, perdieron 121,8 billones de pesos en transferencias. El ajuste, como siempre, fue por abajo.

El motor oculto: deuda más barata
Hay un capítulo que Milei no ensalza en públic: el ahorro en intereses. Gracias al superávit y a un canje de deuda con respaldo del FMI, el país pagó 0,5 puntos del PBI menos en concepto de intereses en los últimos doce meses. Eso significa otros 2.500 millones de dólares que no salieron del bolsillo de los contribuyentes, aunque tampoco volvieron en obra pública o salarios. Se los llevó el mercado, satisfecho de que el riesgo argentino bajara por primera vez en una década.
El economista Nadin Argañaraz, autor del estudio, advierte que la caída de 5,7 puntos del PBI en apenas dos años “implica un shock de demanda que se siente en cada barrio”. Lo que no miden los números es cuántos comercios bajaron la persiana, cuántos jubilatos dejaron de comprar medicamentos o cuántos planes sociales se truncaron antes de tiempo. El ajuste es siempre una fotografía: muestra el ahorro, pero no la herida.

El próximo capítulo ya está escrito
Milei llegó al CPAC 2025 con una motosierra en la mano y un superávit en el bolsillo. El mensaje fue claro: el Estado es el enemigo y él viene a terminar el trabajo. Pero la hoja de cálculo tiene fecha de vencimiento. El 78% del recorte se usó para cancelar déficit; solo un puñado financió baja de impuestos. Cuando el margen de tijera se agote, la presión política pedirá su parte. Y entonces la motosierra podría convertirse en boomerang: sin déficit que recortar, habrá que elegir entre menos subsidios o menos reelección. La curva de Laffer, esa vieja conocida, acecha en la esquina.
Mientras tanto, el ahorro acumulado ya tiene destinatarios: el mercado externo quiere que se use para bajar aún más la deuda, la interna quiere que vuelva en reducción de impuestos y los gobernadores, que se los devuelvan. Todos quieren su trocito de los 67.000 millones. Milei, por ahora, se lo guarda en el bolsillo. La motosierra sigue en marcha. Y el país, sin margen para otro error, observa.
