Eduardo casanova arranca el silencio: su vih deviene premio
Eduardo Casanova ha convertido el diagnóstico que muchos aún ocultan en un acto de rebelión creativa. COGAM le entrega el Premio Triángulo Positivo 2026 por esa frontalidad que desnuda cuerpos y prejuicios por igual.

El estigma sangra más que el virus
La organización lo dice sin ambages: la trayectoria del cineasta madrileño ha servido de espejo para quienes crecen sin referentes que no castiguen su diferencia. Ahora su público descubre que la mirada que filmaba dedos en bocas y colores estridentes también enfocaba su propia carga viral.
Casanova anunció su VIH en redes el pasado otoño. No era una confesión; era una toma de poder. COGAM celebra ese paso como un escudo contra el miedo que aún rodea al sida cuatro décadas después de su irrupción. El colectivo subraya que el gesto desmonta la última capa de vergüenza que persiste entre jóvenes gays nacidos bajo la promesa de la profilaxis.
El cineasta de Skins y Pieles ha hecho del cuerpo disforiado su lienzo. Sus personajes vomitan, se follan, se despedazan; nunca se disculpan. Esa ética se trasluce en su decisión de compartir la serología sin dramatismo. No busca lágrimas; busca normalizar lo que los laboratorios ya controlan pero la sociedad aún no metaboliza.
La gala del 28 de mayo en la sede de UGT coincidirá con el 40º aniversario de COGAM. Será una cita con sabor a victoria incompleta: derechos contraídos, fármacos que funcionan, pero campañas que vuelven a recortarse. En ese contexto, el reconocimiento a Casanova actúa como recordatorio de que la cultura pop puede donde las políticas fallan.
La lista de premiados se ampliará en las próximas semanas. Mientras, el director ultima su nuevo proyecto, una comedia queer ambientada en los baños de un centro comercial. No hay referencias explícitas al VIH en el guion. No las necesita: su sola firma ya es un desafío a la normalidad que impone el miedo.
