Opertti desmantela la fábrica de ilusiones de la educación latinoamericana

Hace tres décadas, Renato Opertti firmaba informes que viajaban de ministerio en ministerio como si fueran la panacea. Hoy, desde la cúpula de la Organización de Estados Iberoamericanos, publica Redoblar las esperanzas en la educación, un tocho de 900 páginas que más que un libro es una confesión colectiva: el sistema educativo que ayudó a diseñar se ha vuelto contra los que lo habitan.

La pandemia no rompió nada, solo destapó la mugre

El 70 % de los niños de diez años en países de ingresos bajos y medios ya no sabía leer un texto sencillo antes de que el coronavirus cerrara las aulas. El dato no aparece en un panfleto de ONG: lo cita Opertti tomándolo de un informe del Banco Mundial que databa de 2015. La catástrofe, insiste, no fue la pandemia; fue el espejo que obligó a mirar lo que los técnicos llevaban años midiendo y ocultando entre paréntesis.

La primera parte del libro respira el olor a cloro de los pasillos escolares vacíos. Se escribe en tiempo presente, con la urgencia de quien ve que la educación fue secuestrada por titulares y slogans. Opertti no se conforma con denunciar la instrumentalización política; diseca cómo los programas se multiplican sin tejido conjunto hasta convertirse en una maraña de iniciativas que los docentes usan como paraguas rotos: los abren, pero no les protege del agua.

El currículo no es la lista de la compra

El currículo no es la lista de la compra

En la segunda parte baja al taller de la política técnica. Allí descubre que cuando los ministerios hablan de «currículo» en realidad se refieren a un inventario de contenidos que nadie se atreve a priorizar. La OCDE lo demuestra con cifras: hay un desfase abismal entre lo que se prescribe y lo que cabe en el horario escolar. Opertti traduce: «Las transformaciones que se conciben solo en el eje prescripción-implementación llegan muertas al aula». Es la frase que debería tatuarse en la puerta de cada dirección general de currículo del continente.

El intercambio con el filósofo Daniel Innerarity sobre el «furor pedagógico» por las competencias es un momento de lucidez. Innerarity avisa que centrarse en la habilidad y no en el conocimiento produce «una educación para la incompetencia». Opertti asiente, pero matiza: la trampa no son las competencias, sino vaciarlas de saberes hasta dejar al alumno ejercitando el pensamiento crítico sobre… nada.

Florida, la cancelación y la misma moneda

Florida, la cancelación y la misma moneda

La tercera parte es un viaje fuera de la zona de confort multilateral. Opertti cita las leyes de Florida que prohíben hablar de identidad de género, pero también apunta a la cancelación que viene desde la propia izquierda. La cita de Martín Caparrós es demoledora: hay quienes «se autoasignan el derecho de definir qué se puede decir arropados bajo la ‘moral’». Opertti concluye que prohibicionistas y canceladores son «cara y cruz de una misma moneda de imposiciones hegemónicas». Que un funcionario de un organismo intergubernamental escriba eso sin eufemismos es, en sí, una forma de practicar la libertad que predica.

¿Para qué educamos si el sistema no se atreve a preguntarlo?

El cierre del libro es un interrogatorio sin respuestas cómodas. Basado en un estudio del Brookings Institution, recupera cinco propósitos históricos de la educación: desarrollo económico, identidad nacional, justicia social, bienestar personal y sustrato espiritual. Opertti advierte que cualquier reformación que elija uno y deseche los demás acabará en el cementerio de las buenas intenciones. La pregunta que deja flotando no es retórica: ¿quién, en la cadena de decisión regional, está dispuesto a asumir esa complejidad sin reducirla a un power point?

Redoblar las esperanzas en la educación no es un libro para leer en la playa. Repite argumentos, retorna al mismo lugar con matices distintos y exige que el lector acompañe el vaivén del pensamiento mientras el mundo se desordena. Pero esa irritante densidad es también su valor: en un ecosistema donde los ministros cambian cada dos años y los consultores venden recetas mágicas, Opertti se atreve a mostrar la máquina de fallos desde dentro. El texto puede bajarse gratis en la web de la OEI. Nadie debería firmar un plan educativo sin haberlo hojeado. Porque la próxima vez que un político prometa «revolución educativa», alguien podréis responderle con la cita exacta de por qué, otra vez, fracasará.