Ee.uu. apuesta por la estabilidad en su estrategia contra cuba
Nueva York – La administración de Donald Trump parece replantear su política hacia Cuba, priorizando la estabilidad regional y la seguridad nacional por encima de un cambio radical en el régimen de Miguel Díaz-Canel. Expertos sugieren que Washington podría aceptar una transición económica en la isla sin necesidad de un derrocamiento.

La estabilidad, antes que la revolución
Brian Winter, vicepresidente de política de Americas Society y del Council of the Americas, señala que la importancia estratégica de Cuba para la seguridad estadounidense persiste, especialmente ante la competencia con China y la diáspora cubana. Alrededor del 20% de la población cubana emigró en los últimos años, según Winter.
Sin embargo, la postura estadounidense no se limita a consideraciones geopolíticas. El secretario de Estado, Marco Rubio, tiene una influencia personal en la política hacia Cuba. “Si se tratara solo de derrocar el régimen por motivos familiares, adoptarían una política diferente”, afirma Winter.
Este cambio de enfoque no implica necesariamente un fin a la presión sobre el gobierno cubano, pero sí una recalibración de los objetivos. La Casa Blanca parece menos dispuesta a un golpe de estado y más abierta a una evolución económica gradual.
La situación en Venezuela también ocupa un lugar central en las discusiones. José Enrique Arrioja, director editorial de Americas Quarterly, describe la relación entre el régimen de Delcy Rodríguez y Washington como un “chavismo light”, un pragmatismo difícil de predecir.
La administración Trump ha mantenido conversaciones con Colombia y México, pero la atención se centra en Caracas. El proceso de cambio en Venezuela, tras el arresto de Nicolás Maduro, se considera un camino prolongado, aunque se han observado algunos avances. La relación actual, aunque pragmática, es un terreno inexplorado, lo que la convierte en un factor de incertidumbre.
Washington parece haber comprendido que una solución rápida y contundente a la crisis cubana es poco realista. La apuesta actual es por una estabilidad que, aunque modesta, podría ser más duradera. La política estadounidense hacia Cuba, como la de Venezuela, se define ahora por la cautela y una estrategia a largo plazo, un cambio de rumbo que podría alterar el equilibrio de poder en la región.