Ee.uu. cede y deja que petrolero ruso rompa el bloqueo a cuba
El Anatoli Kolodkin navega a 12 nudos rumbo a Matanzas con 730.000 barriles de crudo ruso y, contra todo pronóstico, la Guardia Costera de Estados Unidos ha ordenado a sus dos patrulleras apostadas en el Caribe que no lo toquen. La decisión, confirmada a última hora del domingo por un funcionario al New York Times, abre la primera grieta real en el bloqueo petrolero que Washington mantiene sobre La Habana desde que la operación fallida contra Nicolás Maduro cortó el grifo venezolano.
La escena es casi cinematográfica: un buque de 250 metros, propiedad del Estado ruso, se cuela por la puerta falsa de un cerco que, hasta ayer, parecía hermético. El domingo por la noche quedaba a pocas millas de las aguas territoriales cubanas y, si mantiene velocidad, atracará el martes al amanecer. La Casa Blanca no ha emitido comunicado, pero el silencio ya es respuesta.
El apagón que forzó la tregua
Detrás de la autorización está la fotografía de una isla que lleva meses a oscuras. Los apagones programados —y los que no lo están— han convertido la rutina nocturna en un rosario de ventanas alumbradas por linternas y baterías de móviles. Hospitales con plantas de emergencia que fallan, clínicas que cancelan dialisis, escuelas que suspenden clases por falta de aire acondicionado. La ONU ha contabilizado 72 días de interrupciones eléctricas solo en octubre, después del huracán Melissa, y prevé que el número se dispare si no llega combustible antes de fin de año.
El Plan de Acción Ampliado que presentó la ONU el miércoles pide 96 millones de dólares para evitar el colapso total del sistema de salud. El dinero no alcanza si no hay diesel para hacer funcionar los generadores. El Anatoli Kolodkin es, por ahora, el único suministro concreto en el horizonte.

El costo político de ceder
Washington ha amenazado con aranceles a cualquier país que venda petróleo a Cuba. Ahora se traga sus propias palabras. El gesto, calculado o no, desata tres efectos inmediatos: regala a Moscú una victoria simbólica en el patio trasero de EE.UU.; expone la debilidad de un bloqueo que ya no puede contener al Kremlin; y obliga al presidente demócrata a explicar por qué rompe la doctrina que su propio partido ha defendido durante seis décadas.
La Casa Blanca apuesta a que nadie mirará el regalo si Cuba deja de apagarse en plena campaña electoral. Es una tregua táctica, no un cambio de filosofía. El Departamento del Tesoro mantiene intacta la lista de sanciones; el embargo legal sigue vigente. Solo ha cambiado la orden de disparo: de «interceptar» a «observar». Un funcionario lo resumió al Times con cinismo: «El barco llega vacío de política, lleno de gasoil».

La isla que espera un barco
En Matanzas ya preparan el muelle. Los trabajadores del depósito de supertanquers —inaugurado con bombos hace cuarenta años y hoy oxidado— han limpiado la boya de atraque y revisado las válvulas. No saben si será el primero de una flota o un espejismo único. Lo que sí saben es que, sin ese crudo, el plan de racionamiento eléctrico se endurecerá en diciembre: 12 horas sin luz por barrio, tal vez 16.
El Anatoli Kolodkin no resuelve la crisis energética de Cuba; solo la pospone. Pero la mera posibilidad de que llegue ha cambiado el tablero. Por primera vez desde 1962, un buque ruso puede atracar en La Habana sin que Washington grite. Y eso, en el Caribe, es noticia que quema más que el propio petróleo.