Ee.uu. desata la máquina de guerra: un billón para aplastar a irán

WASHINGTON, 24 oct (Vitalia Natural).- La Casa Blanca acaba de pedirle al Congreso un talonazo de 200.000 millones de dólares para la guerra contra Irán. Si lo consigue, el Pentágono tocará el billón en un solo año: 1,03 billones de dólares, 25 % más que ahora. La cifra deja a la economía mundial con la boca abierta: es dinero suficiente para comprar, desarmar y volver a armar a las seis grandes potencias que le siguen en el ranking militar.

El resto del planeta se queda chico

China, Rusia, India, Reino Unido, Francia y Japón suman 837.000 millones. EE.UU. gastará, solo, 1.030.000. La brecha ya no es una grieta: es el Gran Cañón. El portaaviones Gerald R. Ford, el orgullo tecnológico de la Armada, está en dique seco por retrasos; mientras tanto, Irán saca drones de 25.000 dólares que obligan a lanzar misiles de un millón y medio cada vez que aparece un bip en el radar.

El juego se volvió loco: un dron descartable obliga a derrochar lo que cuesta un apartamento en Manhattan. Y funciona. En septiembre, los saudíes vieron cómo una docena de esos juguetitos baratos paralizó el 5 % del petróleo mundial. El Estrecho de Ormuz, que canaliza el 20 % del crudo del planeta, es ahora un túnel donde cada buque paga peaje de miedo.

La asimetría que nadie firmó

La asimetría que nadie firmó

Irán destina 9.230 millones a su defensa. Menos que el coste anual de mantener una sola base estadounidense en Qatar. Pero la guerra ya no la ganan los que más gastan, sino los que más aguantan. La Guardia Revolucionaria lo sabe: su arsenal es barato, descartable y, sobre todo, desechable en cuerpos. La República Islámica ha demostrado que puede perder mil soldados sin que Teherán se inmute; Washington no puede perder diez sin que el CNN ponga el país en cuarentena emocional.

El nuevo ayatollah, Mojtaba Khamenei, heredó el turbante y la estrategia: resistir hasta que el enemigo se aburra. La revuelta popular que soñó Trump nació muerta. En Pyongyang también lo entendieron: sus obuses de 1950 están matando ucranianos y a Kim le importa un comino el precio por cabeza.

El Congreso tiene treinta días para decidir si firma el cheque. Si lo hace, el mundo verá al gigante con el bolsillo desbordado y la hormiga con el aguijón listo. La lección es brutal: el dinero ya no compra victorias, solo posterga la derrota.