El 10,9% que esconde la crisis: desempleo baja, pero 850.000 empleos ya se evaporaron
Colombia celebra un 10,9% de desempleo en enero, la cifra más baja para ese mes desde que Shakira cantaba en inglés por primera vez. El problema es que la fiesta dura lo que un brindis: detrás del papelillo confeti hay 850.000 puestos destruidos, un salario mínimo que acaba de subir 23,7% y una tasa de interés que camina hacia el 12% con saña de boxeador.
El salario que come empleos
María Lorena Gutiérrez, la presidenta del Grupo Aval, no necesita power point: «El incremento del salario mínimo destruyó más de medio millón de plazas». La frase suelta en la asamblea de accionistas cae como piedra en charco de agua tibia. La razón es brutal: el alza obliga a las empresas a pagar más por la misma hora de trabajo, pero la productividad no se movió un milímetro. Resultado: se achican plantillas, se congelan proyectos y se encarece la cesta familiar.
El gobierno piensa en votos; las compañías, en caja. El impuesto al patrimonio —1,6% para los bancos, 0,5% para el resto— desangró al grupo cerca de $330.000 millones, más del 35% de su utilidad neta en 2025. «Nos lo cobraron en el mismo mes que lo decretaron», se queja Gutiérrez. Es como pedir la cuenta antes de servir el plato.

Inflación que no baja y tasas que suben
Mientras tanto, el Banco de la República juega a ser halcón: la inflación proyectada para 2026 ronda el 6,5% y la tasa de interés de referencia ya perforó el 10,25%. El mercato da por hecho otro empujón de 50-75 puntos básicos en marzo, lo que colocaría el crédito de vivienda en torno al 12%. «Con inflación y tasas altas no se mueve un solo peso hacia inversión», resume la ejecutiva. La economía se sostiene por consumo, yes; pero un consumo que se financia con tarjeta y con miedo.
El golpe es sectorial. La vivienda nueva cerrará 2026 con una caída del 8,5%, la infraestructura no tiene un solo proyecto en cartera y la minería-energy se paraliza entre consultas previas y parches normativos. «No hay obra pública, entonces miramos hacia el exterior», confiesa Gutiérrez. El empleo se fugó a la informalidad o al extranjero.

Receta desde la orilla
La banquera no pide limosna; pide reglas. «Trámites ágiles, incentivos reales y proyectos en vivienda, infraestructura y minero-energético», enumera. Cree que el próximo presidente debería olvidarse de nuevos impuestos y empezar a vender certidumbre al mejor postor. «Colombia crece cuando invierte, no cuando gasta», sentencia antes de bajar del podio.
La lección es clara: el 10,9% es una foto Instagram del desempleo; fuera del encuadre hay una fila de gente que ya no aparece en las estadísticas. El país tendrá que elegir entre seguir dopando el consumo con plástico o recuperar la senda de la inversión. La cuenta, esta vez, no llegará en el mismo mes que la cena: llegará con intereses, y se pagará en empleos que ya no volverán.
