El 11% del pib se escapa por la brecha que nadie cierra: 4.050 feminicidios y un cuidado invisible que atrapa a las mujeres
Las cuentas no cuadran. Mientras la ley promete paridad, una de cada ocho mujeres sigue recibiendo golpes o violación de su pareja y once mujeres las asesinan cada día en América Latina. El Centro de Estudios Internacionales Gilberto Bosnes acaba de sacar la calculadora: la violencia contra las mujeres le cuesta a la región entre 1 y 3 % de su PIB, pero el costo real es la vida que se apaga tras cada feminicidio.
El informe, filtrado este martes al Senado mexicano, desmonta el discurso oficial de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Sí, la Agenda 2030 existe; sí, hay leyes integrales y juzgados especializados; no, eso no baja la violencia si después no hay presupuesto ni voluntad política. La prueba: los países que sí han reducido la violencia de pareja hasta 2,5 veces comparten tres ingredientes —leyes que se aplican, prevención que se financia y jueces que entienden de género— y ninguno de ellos está en el Cono Sur.
La trampa del cuidado que no se paga
Detrás del salario menor hay una agenda oculta. Las mujeres hacen la mayor parte del trabajo de cuidados no remunerado: niños, ancianos, enfermos, casa. Luego salen a la calle a vender su tiempo en empleos informales o mal pagos, porque el reloj ya les dictó que deben volver antes que él. El resultado: la brecha salarial persiste incluso cuando el título universitario es el mismo. La autonomía económica se queda en el umbral de la cocina.
Lo que nadie cuenta es que esa doble jornada tiene nombre propio: segregación ocupacional. Las estadísticas la muestran como un dato más, pero en la carnicería de lo cotidiano significa que una mujer acepta limpiar hospitales por la mitad del sueldo que cobraría un hombre en la misma plaza, porque la otra mitad de su día ya está hipotecada a la familia.

La ley que no alcanza
El Centro Gilberto Bosnes advierte una verdad incómoda: la igualdad formal no es igualdad real. Los marcos jurídicos están, pero las estructuras sociales se resisten. Ejemplo: países que invirtieron en guarderías universales y salarios de cuidado vieron cómo la brecha se achicaba; los que se quedaron en el discurso la ven crecer. La conclusión duele: ningún país ha alcanzado la igualdad plena porque ninguno ha querido pagar el precio de transformar la vida privada.
La cifra habla por sí sola: 4.050 feminicidios al año. Divididos entre 365, son once ataúdes diarios que nadie quiuesa contar en el PIB. Mientras tanto, el trabajo de cuidados sigue siendo el gran activo invisible que sostiene la economía y condena a la mitad de la población a la precariedad. La igualdad de género no es un Objetivo de Desarrollo Sostenible; es un contrato social que sigue sin firmarse.
