El aex se agarra a un alfiler y gana 0,44 % en la sesión más lánguida del año

La Bolsa de Ámsterdam despertó ayer con el pie de freno puesto. El AEX subió 0,44 % y cerró en 964,48 puntos, un guarismo que huele a café frío: ni subida que emocione, ni caída que invite a comprar. El índice se movió en un estrecho corredor de 9,5 puntos entre techo y suelo, como si los inversores temieran despertar al monstruo de la volatilidad que lleva meses acechando.

Un año que se resiste a despegar

El dato desvela la parsimonia del mercado: en lo que va de 2025 el AEX acumula un descenso del 6,37 % respecto a los 1.030 puntos que tocó en enero. La euforia de los últimos doce meses —un +6,98 % que entonces parecía definitivo— se ha evaporado entre tensiones geopolíticas y la incertidumbre sobre tipos de interés. Lo que nadie cuenta es que el volumen mínimo de ayer, 957,09 puntos, es apenas cuatro décimas por encima del suelo anual. Un simple susurro vendedor bastaría para perforar el soporte.

La rentabilidad semanal confirma la apatía: –0,23 % en cinco sesiones. Ni la oleada de resultados empresariales ni los rumores de recorte de impuestos en La Haya han logrado romper la congestión. Los operadores consultados repiten el mismo mantra: «Estamos en wait-and-see hasta que la Reserva Federal mueva ficha». La frase suena a excusa, pero la realidad es que el flujo de caja permanece estancado en los fondos de inversión neerlandeses.

El momento justo antes del flash crash (o del rally)

El momento justo antes del flash crash (o del rally)

Los gráficos dibujan un triángulo simétrico que se estrecha cada día. Los analistas técnico se frotan las manos: una ruptura con volumen puede lanzar al AEX hacia 990 puntos o hacia 930 en cuestión de horas. La clave estará en el dato de inflación de la eurozona que se publica el viernes. Si el IPC se dispara por encima del 3 %, los europeos descontarán un nuevo ciclo de subidas del BCE y el selectivo holandés podré perder de golpe el 3 % que lleva ganado en doce meses.

Mientras tanto, el pequeño inversor holandés se ha refugiado en Heineken y ASML, los dos valores que ayer arrastraron al alza el índice. El primero porque la cerveza se vende igual en recesión; el segundo porque los pedidos de litografía siguen colapsados hasta 2026. Pero ni el brindis ni los chips bastan para disfrazar la evidencia: el AEX necesita un catalizador que no dependa de la política monetaria. La última vez que el índice estuvo atrapado en este rango fue en 2018; dos meses después cayó un 12 %.

El reloj avanza y la ventana de rentabilidad se estrecha. O estalla la primavera bursátil o el verano traerá liquidaciones. Ayer el AEX solo avanzó 4,2 puntos; hoy bastaría una mala noticia para borrar en la apertura lo que costó una semana ganar. La nebulosa de posibilidades se disipa: dentro de diez días sabremos si marzo fue solo un espejismo o el preludio del verdadero ajuste.