El agua arrasa afganistán y pakistán: 45 muertos en cinco días de infierno
La lluvia no cae, castiga. En cinco días el cielo del Hindu Kush ha convertido barro y adobe en tumbas improvisadas. El balance provisional: 45 cadáveres, 105 heridos y dos países que vuelven a contar sus muertos con los dedos de una mano que aún tiembla.
La primera en sacar la cuenta fue la oficina afgana de gestión de desastres, ANDMA: 28 muertos repartidos en veinte provincias, 49 heridos, 560 viviendas pulverizadas y 3.000 hectáreas de cultivo convertidas en lodo improductivo. El ganadero afgano medio pierde 240 cabezas; el campesino, un año de trabajo. En Pakistán, la PDMA de Khyber Pakhtunkhwa elevó la cifra a 17, 14 de ellos niños atrapados bajo tejados de adobe que cedieron como cartón mojado.
La montaña como trampa mortal
El problema no es la cantidad de agua, sino la pendiente. Las laderas del Hindu Kush y del Karakórum convierten cada gota en ariete. Un deslizamiento de lodo en Nuristán sepultó ayer ocho casas antes de que los vecinos pudieran articular un grito. En Swat, un rayo fulminó a tres hermanos que pastoreaban cuando el cielo se partió. Las zonas de riesgo están habitadas desde hace siglos por gente que no tiene otro sitio donde caerse muerta.
El gobierno afgano ha movilizado 700 efectivos de emergencia, pero los helicópteros no pueden aterrizar en los valles donde el barro ha comido la pista. Pakistán ha pedido ayuda a la ONG Pak Army, pero los puentes carreteros que comunican con los pueblos más remotos llevan dos años sin reparación por falta de presupuesto. La ayuda llegará tarde, como siempre.

Una factura climática que se cobra en vidas
El monzón de primavera no es nuevo; lo nuevo es la intensidad. El cambio climático ha cargado las nubes de hasta un 30 % más de agua que hace tres décadas, según el Instituto Meteorológico de Islamabad. El suelo, desforestado y sin drenaje, absorbe lo mismo que un plato: nada. La consecuencia es un récord de muertes que se repite cada año y un mapa de víctimas que casi nombra a los mismos distritos: Chitral, Nuristá, Kunar, Paktia.
Mientras tanto, el fondo para adaptación al clima que Pakistán recibió en 2023 –48 millones de dólares– se evaporó en proyectos de papel sin una sola tubería colocada. afganistán, bajo sanciones, ni siquiera aparece en la lista de beneficiarios. La comunidad internacional firma cheques que los muertos no pueden cobrar.
El martes llegarán nuevas nubes. Los meteorólogos advierten de rachas de 90 km/h y descargas eléctricas que pueden repetir la matanza. Los supervivientes ya saben la rutina: subir a los tejados, arrancar las alfombras, contar a los niños. El agua volverá a caer, y con ella la certeza de que el próximo cadáver podrá llevar nuestro nombre.
