El almería desploma al filial donostiarra y ya respira en la zona de ascenso

Una tarde de esas que huele a chamomile y triunfo. El Almería no solo goleó 5-1 a la Real Sociedad B, sino que colocó la yema del dedo sobre el pulsómetro del playoff: segundo puesto, cuatro victorias seguidas en el Estadio de la Juventud y la sensación de que, por fin, la máquina engrana sin chirridos.

El partido fue un manual de cómo convertir los errores ajenos en billetes de ascenso. Fraga, portero visitante, regaló el balón a Miguel de la Fuerte antes del minuto 3; el 1-0 cayó como un bloque de hielo en la cabeza del Sanse. La réplica llegó pronto: presión alta, carrera desordenada y, de nuevo, un rechace que encontró a Sergio Arribas con la escopeta cargada. El 2-0 selló un primer acto donde el Almería fue velocidad de reacción y la Real, puro espejismo de territorio.

El vendaval de arribas y puigmal

El vendaval de arribas y puigmal

En la segunda mitad, la historia se repitió con variaciones mínimas: otro balón perdido, otro disparo de Arribas que se desvía en un defensor y el 3-0 que abrió la caja de resonancia. Carrera maquilló el marcado con un cabezazo, pero Melamed se inventó un penalti y Embarba lo tradujo en 4-1. El quinto, obra de Álex Muñoz, fue la sentencia que dejó al Sanse mirando al techo del vestuario.

La grada celebró cada gol como quien paga una deuda pendiente desde hace meses. El Almería suma 61 puntos y mira de reojo a Valladolid y Espanyol, que tropezaron esta jornada. La diferencia de goles (+16) empieza a ser un argumento de peso en las quinielas de mayo.

Para la Real B, la lección fue dura: poseér sin pulso es como escribir en agua. El filial acumula seis partidos sin ganar y se hunde a ocho puntos de la salvación. La promoción de jóvenes talentos no admite respiro cuando la puntería brilla por su ausencia.

El Almería, mientras tanto, se ha convertido en el equipo que mejor aprovecha los regalos. Cada contraataque parece un guion ensayado: Puigmal roba, Embarba filtra, Arribas remata. El ciclo se repite hasta el infinito, o hasta que el árbitro pita el final.

La próxima cita es Girona, fuera de casa. Si el domingo se repite la sinfonía, la zona de ascenso directo dejará de ser una quimera para convertirse en un derecho adquirido. La afición ya palpita los playoffs, pero en el vestuario nadie canta victoria: saben que la Segunda División castiga al que se relaja un solo segundo.