El arresto domiciliario de bolsonaro tambalea: petrone pide que vuelva a la cárcel
Brasil se pregunta si el expresidente Jair Bolsonaro sigue preso o ya monta otra campaña desde su salón. La diputada Talíria Petrone ha presentado este lunes una petición urgente al Supremo para que se levante el arresto domiciliario y Bolsonaro regrese a una celda. Su argumento: el líder ultraderechista ha vuelto a burlar las reglas, esta vez con ayuda de su hijo y de su esposa.
La prueba que activó la petición
El detonante fue una declaración de Eduardo Bolsonaro en la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC) de Texas. El hijo del expresidente, reclamado por la Justicia brasileña, dijo que grabó el evento “para enviárselo a papá”. Un móvil grabando, un archivo enviado, una cadena de distribución que, según Petrone, viola la prohibición expresa de usar teléfonos o redes sociales.
Lo mismo sospecha con la flamante serie de Michelle Bolsonaro en YouTube, donde la ex primera dama muestra la rutina de salud del expresidente. Las imágenes, grabadas dentro del apartamento donde cumple prisión, se convierten en ventana al exterior. “No es una dieta personal, es propaganda política disfrazada de vlog”, advierte la diputada del PSOL.

El supremo da 24 horas para defenderse
El ministro Alexandre de Moraes, instructor del proceso por el golpe del 8 de enero, ha pedido a la defensa de Bolsonaro que explique en las próximas 24 horas cómo se ha cumplido la prohibición de comunicación si el contenido sigue circulando. La Fiscalía ya tiene el informe de Petrone en la mesa; si lo hace suyo, el arresto domiciliario puede convertirse en cárcel común en cuestión de días.
El beneficio de 90 dades fue concedido la semana pasada tras una bronconeumonía que llevó a Bolsonaro a la UCI. La tobillera electrónica que porta desde entonces debería blindar el aislamiento, pero la manipulación de ese dispositivo ya le costó la prisión en diciembre. La historia se repite: cada vez que el expresidente roza la libertad, aparece un video, un audio, un directo que lo devuelve al centro del huracán.

La jugada en washington
Mientras tanto, en el hotel Gaylord de Dallas, Eduardo Bolsonaro pidió “presión diplomática” contra el Supremo. Acusó a la administración Biden de entronizar a Lula y cerró con un grito: “No abandonaremos a Brasil”. La frase suena a lema de campaña; la acción, a llamado al boicot institucional. Desde febrero, el diputado vive fugitivo en Estados Unidos y la Justicia brasileña ya prepara su extradición.
La petición de Petrone no solo busca devolver a Bolsonaro al penal de Brasilia; quiere enviar un mensaje: el arresto domiciliario no es un escenario de influencer político. Si el Supremo accede, el expresidente cumplirá los 27 años de condena entre rejas. Quedará atrás la nebulosa de la enfermedad, los vídeos caseros y la sensación de que la celda es un lugar que se negocia. El plazo corre: en 24 horas sabremos si la cárcel vuelve a ser su morada.
