El arzobispo roselló lava los pies a presos: un gesto de humildad en tiempos de ira

En un acto que desafía la lógica de una sociedad marcada por la venganza, el arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, Florencio Roselló, ha vuelto a romper con lo establecido lavando los pies a internos del centro penitenciario de la capital navarra en la eucaristía del Jueves Santo. Un gesto que, según sus propias palabras, busca contrarrestar la creciente soberbia y la falta de perdón que caracterizan a nuestro tiempo.

Un acto de sumisión en un mundo de orgullo

Roselló, quien lleva a cabo esta tradición durante los últimos 35 años en diversas cárceles españolas, insistió en que su acción no es una mera formalidad religiosa, sino una provocación a la conciencia colectiva. "Mucha gente no entiende que me agache ante ellos, que les lave los pies, que les bese y les diga: 'Te perdono'. Vivimos en un mundo cargado de orgullo y carente de sencillez", declaró el arzobispo frente a decenas de presos, personal penitenciario y voluntarios de la Pastoral Penitenciaria.

La capilla de la cárcel se convirtió en un espacio de reflexión profunda, donde el arzobispo recordó que Jesús, horas antes de su crucifixión, se inclinó para lavar los pies de sus discípulos. Un acto de humildad radical que, según Roselló, es precisamente lo que le falta a una sociedad obsesionada con ajustar cuentas y ajena al perdón.

Pero hay un detalle crucial: la experiencia del arzobispo no se limita a la reflexión teórica. Él ha visto de cerca el sistema penitenciario español, ha conversado con hombres y mujeres privados de libertad y ha comprendido, en carne propia, la necesidad de ofrecer una esperanza tangible.

Más que un ritual: un mensaje de esperanza

Más que un ritual: un mensaje de esperanza

El arzobispo no se limitó a un gesto simbólico. Animizó a los internos a luchar por su libertad, no solo la física, sino también la interior. "Vuestra vida tiene valor, hay un futuro para vosotros fuera. Luchad por él, trabajad por conseguirlo. Vuestra historia no debe terminar entre estas paredes." Les recordó que, a pesar de sus errores, Dios les ofrece una oportunidad de redención. “Solo nos queda Dios, que nunca falla”, afirmó, instándoles a la oración y a la búsqueda de un nuevo camino.

La mirada de Roselló va más allá de las paredes de la cárcel. Es una invitación a la sociedad a reconsiderar su propia imagen del perdón y la justicia. En un mundo donde la polarización y el rencor parecen dominar, el gesto del arzobispo resuena como un llamado a la humildad y a la compasión. A la Iglesia se le exige, quizás, que sea el faro que ilumine la oscuridad.

El arzobispo concluyó su homilía con un mensaje directo y contundente: “Hoy vengo en nombre del Señor a serviros, a lavaros los pies, a deciros que Dios os quiere y quiere que salgáis pronto de aquí”. Una promesa de esperanza que, en tiempos de incertidumbre, resulta más necesaria que nunca. La pregunta no es si el gesto cambiará el sistema penitenciario, sino si la sociedad estará dispuesta a aprender de la lección de humildad que nos ofrece el arzobispo Roselló.