El bacalao que ya no cena en españa: guerra, cuotas y fish and chips

Una cuarta parte del bacalao que se come en España se traga entre la Cuaresma y la Semana Santa. El ritual sigue firme, pero el pescado ya no regresa a casa: cuatro barcos gallegos y guipuzcoanos lo desembarcan en Noruega, lo facturan al Reino Unido y lo convierten en el fish and chips que se devora en Londres. La tradición religiosa se queda sin flota propia.

Del salazón al congelado: la mutación silenciosa

En 2010 los armadores dejaron de curtir el bacalao en sal. El salazón era caro, lento y dependía de cuotas que Oslo recorta cada año. La solución fue el congelado: mismo pez, mismo océano, otro producto. Iván López, presidente de Agarba, admite que la cuota noruega se ha desplomado un 60 % en seis años. «El caladero está en mala situación», dice, y eso pone a la flota «al límite de la rentabilidad». Mientras, el precio del pescado se mantiene «sólido», una palabra que en la lonja significa que alguien paga por tu esfuerzo, aunque ese alguien cocine al otro lado del Canal de la Mancha.

La guerra en Gaza encarece el gasóleo y la logística. El conflicto balea la ruta que lleva el bacalao desde el Ártico hasta las lonjas gallegas, pero también alimenta la especulación: cuanto más sube el barril, más se dispara el coste de cada tronco de pescado que atraviesa el Atlántico. A eso se suma la pugna diplomática de España con Noruega por la adjudicación de cuotas en aguas compartidas. Moscú, socio en el reparto del bacalao del Barents, «no actúa todo lo racionalmente que debiera», según López. Traducción: Rusia pesca lo que le da la gana y Noruega mira para otro lado.

Desalado, al punto de sal y la etiqueta que nadie pedía

Desalado, al punto de sal y la etiqueta que nadie pedía

Esta Semana Santa estrena etiqueta. Un real decreto distingue por fin entre el bacalao desalado —el auténtico, curado meses en salmuera— y el que solo se baña unas horas en sal para disimular el sabor a agua de la descongeladora. La industria lleva años gritando que confundirlos es como mezclar jamón de Jabugo con york de supermercado. Roberto Alonso, secretario general de Anfabasa, avisa: «El consumidor exige más, pero el 2026 se presenta con cautela». Traducción: la cuenta de resultados aguanta, pero el horizonte se nubla.

España sigue siendo un hub del bacalao, aunque el pescado ya no huela a sal ni a lentura cuaresma. Lo importa de Islandia y China, lo transforma y lo devuelve al mundo con sello ibérico. Portugal, Italia, Francia y hasta Beijing devoran troncos con etiqueta española. La flota nacional, reducida a cuatro barcos, ya no cuenta cuentos de salazón; factura en libras esterlinas y sueña con que el fish and chips no pase de moda. La tradición se ha convertido en exportación. La cuaresma, en un simple consumidor más.