El banco de la república apunta a 11,25% y tu bolsillo sentirá el golpe

En menos de una semana el dinero que hoy cuesta pedir un préstamo o mantener la tarjeta en el pozo puede subir otro 1 %. La junta del Banco de la República se reúne el 31 de marzo y el mercado ya no habla de “si” sino de “cuánto”: 100 puntos básicos, la mayor parteida de la historia reciente, que llevaría la tasa de interés de política monetaria al 11,25 %.

La inflación se niega a bajar y el emisor saca el látigo

La meta es 3 %, pero el índice de precios al consumidor cerró febrero en 5,29 %. El núcleo —esa parte de la inflación que no se marchita con el clima ni con el azar— lleva 52 puntos de alza en lo corrido del año. Para los bancos la ecuación es brutal: si el costo del crédito no castiga, la demanda no se frena y los precios siguen arriba. Así de simple. Así de doloroso.

El salario mínimo subió 12 % y la gasolina, paradójicamente, bajó; pero los fenómenos climáticos volvieron a torcer el campo: la yuca, la papa y el arroz llevan tres meses amenazando con récord. El petróleo Brent se pasea cerca de los 100 dólares por barril y cada alza en el fertilizante se convierte en factura para el plato del domingo.

Bancolombia ya adelantó su escenario: terminado el primer trimestre la tasa trepará hasta 12,75 %. Itaú coincide: “La inflación núcleo no da tregua”, dicen sus analistas. De los 25 participantes en la encuesta de Citi, 18 esperan la subida completa; solo siete creen que con 75 puntos bastará. La apuesta es unánime: el ciclo restrictivo no toca su techo hasta que la inflación baje… y eso no se ve en 2026.

¿Quién paga la cuenta? tú, yo y el crédito de vivienda

¿Quién paga la cuenta? tú, yo y el crédito de vivienda

La tasa de interés de política es el termómetro que usan los bancos para fijar préstamos, tarjetas y libranzas. Un alza de 100 puntos significa que la cuota de un crédito hipotecario a 20 años —por ejemplo, 200 millones a tasa variable— subirá cerca de 90 mil pesos mensuales. El efecto es inmediato: el consumo se enfría, las ventas de carro y casa se estancan y el empleo —ese que acaba de recuperarse— empieza a tambalear.

El gobierno, entre la espada y la pared, ya no puede apretar más por el lado fiscal. El déficit lo vigila la calificadora y el Congreso le puso techo al endeudamiento. La única válvula que le queda al Emisor es la tasa. Subirla es una forma de decirle al ciudadano: “ahora te toca ahorrar, no gastar”.

La junta que decide está integrada por siete vocales. Bibiana Taboada, la nueva integrante, debuta en la mesa de votación. Leonardo Villar, gerente general, lleva meses advirtiendo que la inflación “no es transitoria”. Germán Ávila, ministro de Hacienda, representa al único voto que puede ponerle freno a la hoja de ruta: el Ejecutivo teme que un freno muy duro termine por hundir el crecimiento. Pero los números lo ahogan: si no actúan duro ahora, el costo será mayor el próximo año.

El mensaje de los analistas ya no admise eufemismos: “la recesión es el mal menor”. El Banco de la República prefiere un año de estancamiento a una década de precios desbocados. El 31 de marzo votarán. Y el 1 de abril tu cuota estará más cara. No hay trampa ni retórica: cuando la inflación se enquista, el único antídoto es sangrar el bolsillo. Colombia lo va a sentir.