El béisbol panameño se desangra: un bate en la cabeza y un estadio en ruinas

Un sábado cualquiera en Las Tablas acabó con Yeison Austin tendido sobre el diamante, la cabeza abierta por un bate y el sueño de una noche de estrellas convertido en pesadilla. El estadio Roberto “Flaco Bala” Hernández, que debería ser templo del deporte, se convirtió en ring de boxeo: puños, insultos y madera volando contra cráneos. El béisbol mayor de Panamá tocó fondo.

La guerra comenzó en el cuarto inning

Veraguas ganaba 5-0 cuando un lanzamiento demasiado interior desató la furia. Lo que podía haber sido una bronca de vestuario migró a las gradas como una mancha de aceite. En segundos, decenas de aficionados –algunos con camisetas de Los Santos, otros con gorras de Veraguas– saltaron la baranda y se abalanzaron sobre los jugadores. Los propios peloteros devolvieron golpes. La policía, sobrepasada, vio cómo el campo se llenaba de sillas rotas y bates convertidos en garrotes.

La cifra habla por sí sola: un detenido, dos heridos hospitalizados y un partido suspendido para siempre en la memoria colectiva. El presidente de la liga, Efraín Morán, comparecerá esta semana ante la prensa, pero nadie cree que su discurso de “medidas disciplinarias” calme la ira de las familias que vieron a sus hijos llorar entre bancas destrozadas.

Una herida que no cicatriza

Una herida que no cicatriza

Austin fue llevado al Hospital Gustavo Nelson Collado con traumatismo craneoencefálico. Los médicos le hicieron una tomografía y aún no descartan cirugía. Su compañero, José Camarena, protector de dedos roto y dedo meñique inflamado como una castaña, confesó a radio RPC: “Nunca vi tanta barbarie. Parecíamos animales”. El video del incidente –grabado con un móvil desde la grada sur– ya supera el millón de visualizaciones y la frase que más se repite en los comentarios es: “Así no hay deporte que aguante”.

La Policía Nacional identificó al agresor como Luis Alberto Mendoza, un aficionado de 28 años con antecedentes por riña en el 2019. Le incautaron dos bates: uno de aluminio, otro de madera de arce, ambos con huellas de sangre. El caso recayó en la fiscalía de Los Santos y la liga emitió un comunicado seco: “Colaboraremos con las investigaciones”. Nada sobre indemnizaciones, nada sobre seguridad privada, nada sobre cómo evitar que el próximo sábado alguien termine con la frente partida.

El espejo roto del béisbol panameño

El espejo roto del béisbol panameño

Panamá lleva dos décadas intentando regresar a la Serie del Caribe con un equipo propio. Cada año, la federación promete infraestructura y cada año algún estadio provincial estalla en violencia. El año pasado fue Chitré; ahora, Las Tablas. El próximo podría ser Santiago o Penonomé. La federación gasta 1,2 millones de dólares en logística, pero solo 180 000 en seguridad, según el presupuesto que filtró un directivo bajo promesa de anonimato. El hueco entre la fanaticada y la institución se agranda.

Mientras tanto, los peloticos sueñan con firmar en ligas externas y abandonar un campeonato que ya no parece camino de gloria, sino trampa mortal. Austin, con ocho puntos de sutura en el cuero cabelludo, le dijo a su madre desde la UVI: “Mamá, yo solo quería batear”. La frase resume el desastre: un país que no logra proteger ni a sus promesas.

El calendario sigue adelante: el viernes Los Santos debía recibir a Bocas. El partido se disputará a puerta cerrada. Las gradas vacías serán el único homenaje posible a la cabeza de Austin y al béisbol que ya no late.