El bloqueo de ormuz aprieta el suministro: la guerra deja sin crudo a asia y enciende la factura eléctrica

El último petrolero que cruzó el Estrecho de Ormuz lo hizo el 28 de febrero. Desde entonces, el pasillo por donde discurre un 20 % del crudo y del gas natural del planeta permanece sellado por la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán. La consecuencia: asia se quedará sin 300.000 barriles diarios en abril y hasta 3 millones en junio si no se abren las compuertas de las reservas estratégicas. Europa recibirá el golpe a mediados de mes; Estados Unidos, en forma de facturas más caras en la gasolinera y en la factura eléctrica.

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Del 'choque de flujo' al desabastecimiento real

Los analistas de J.P. Morgan advierten que el sistema energético global ha pasado de un «choque de flujo» a un «problema de agotamiento de existencias». La diferencia es abismal: antes el crudo estaba pero no llegaba; ahora directamente no está. El truco del almacenamiento ha agotado su margen y los tiempos de navegación —no el volumen perdido— marcan el ritmo de la crisis. Cada día sin tránsito suma entre 10 y 14 días de retraso en los puertos de destino. La cadena se tensa y, cuando se rompe, el precio estalla.

El crudo WTI ya cerró este lunes en 102,88 dólares, por encima de los 100 por primera vez desde la invasión rusa de Ucrania. La escalada no es un capricho del mercado: es la calculadora del miedo. Y el miedo, ahora, tiene fecha: 6 de abril. Ese día expira la tregua que Donald Trump concedió a la infraestructura energética iraní. El presidente ha prometido destruir pozos, centrales eléctricas y la isla de Jarq si Teherán no reabre «inmediatamente» el estrecho, aunque insiste en que Irán le ha ofrecido pasar 20 buques como gesto de «respeto». Mientras tanto, la Reserva Federal observa con paciencia monetaria y Powell repite que la política está «en la posición adecuada». Lo que no está en posición adecuada es el bolsillo del consumidor.

La gasolina sube, los aranceles que ya declaró inconstitucionales el Tribunal Supremo siguen facturándose en la caja del supermercado y el transporte prepara sus propios recargos. La Casa Blanca mantiene el cronómetro: cuatro a seis semanas para «cumplir objetivos». El reloj, sin embargo, lo marca el último tanque que atravesó Ormuz. Desde el 28 de febrero, el silencio en el estrecho es el sonido de un suministro que se agota por el este antes de que el oeste pueda siquiera protestar.