El bnc desafía la apagón con dos estrenos de mauro de candia
La Habana se prepara para respirar con los pies. Mientras la ciudad se apaga a pedazos —apagones de seis, ocho, diez horas—, el Ballet Nacional de Cuba anuncia que subirá el telón los días 17, 18 y 19 de abril con dos piezas inéditas del coreógrafo italiano Mauro de Candia. La contradicción es brutal: afuera, la cola para comprar gas licuado se extiende dos cuadras; adentro, la Sala Avellaneda promete luz, música y cuerpos en vilo.
Un cisne que baila en la oscuridad
El programa se llama Aria suspendida y La muerte del cisne. Dos títulos que suenan a poema y a epitafio. De Candia, ex-estrella del Stuttgart Ballet, ha construido una coreografía que parte del silencio: gestos que se rompen antes de nacer, como si la energía fuese un bien preciado que también se raciona. La isla entera habla de kilovatios, de barcos petroleros que no llegan, de plantas que se inundan; él, en cambio, habla de «suspensión» como estado ético. «¿Qué hace un cuerpo cuando ya no puede girar?», parece preguntar cada arabesco.
Viengsay Valdés, directora del BNC, ha decidido apostar por la quimera. El teatro dispondrá de un generador privado —un lujo que pocos hospitales pueden permitirse— y la entrada costará 200 pesos cubanos, medio salario mensual. La lógica es perversa: mientras más inhóspita se vuelve la vida, más urgentes se vuelven los mitos. Por eso también se rescatará La fille mal gardée en la versión de Alicia Alonso, esa obra que enseña que el amor puede ser una fuga posible, aunque el cerco se llame bloqueo.

El público como último refugio
Los ensayos han sido clandestinos. A las 6:00 p.m., cuando el barrio se queda sin luz, los bailarines calientan músculos a luz de teléfono. Alianed Moreno, primera figura que debuta en el papel de Lise, confiesa que aprendió los pasos contando los segundos entre apagón y apagón: «Si el ventilador se detenía, era mi señal para empezar el relevé». La metáfora es tan cubana que duele: arte que avanza al ritmo del colapso.
El BNC sabe que esta función puede ser su último faro. Desde 2018 es Patrimonio Cultural de la Nación, pero los expedientes no pagan tarifas eléctricas. El archivo de Alicia Alonso —fotos, diarios, zapatillas de raso— duerme en un sótano sin climatización. El sudor de ahora es también la humedad que carcome la memoria. Por eso cada pirouette es un acto de archivo: si se olvida, se pierde.
El 19 de abril, cuando caiga el telón, La Habana habrá estado ocho horas sin corriente. Afuera, los coches volverán a hacer cola en la gasolinera de Luyanó. Pero durante dos horas alguien respiró desde el plié hasta el port de bras, y eso —en la isla que se apaga— es ya una forma de incendio controlado.
