El campo argentino rompe el techo: récord histórico en plena cosecha de oro

Febrero pintó de amarillo el mapa productivo. Mientras el resto de la economía se tambalea, la cadena agropecuaria anotó su cuarto mes consecutivo en zona récord: el IACA-BCR trepó otro 0,2 % y ya nadie recuerda un arranque de año tan explosivo.

El dato desnudo: 15,8 % más que doce meses atrás. El truco no está sólo en el volumen, sino en la velocidad: girasol y trigo se pelean el protagonismo, la molienda de cereales suma sus centavos y hasta los biocombustibles —ese hijo rebelde del campo— se sumaron con biodiesel y bioetanol en alza de 1,5 % y 3,4 %.

La grieta que nadie firma: exportaciones en rojo

Mientras los tambores de la producción suenan alto, el puerto murmura una mala letra. Las ventas al exterior se desplomaron 5,6 % en un mes. Soja y maíz son los nuevos faltantes en los barcos: menos grano, menos billete. La cuenta se compensa —de momento— con trigo y girasol que sí encontraron comprador, pero el warning prende amarillo.

El detalle que duele: la molienda de soja se desinfló 3,7 % y la leche apenas perdió 0,1 %, suficiente para que los tambos respiren con bronquios. La carne vacuna, otra vez, enfiló la bajada: -0,3 % y la cuenta de los frigoríficos cada vez más roja.

Cosecha fina, timón grueso

Cosecha fina, timón grueso

Detrás del 25 % interanual que estufa el subíndice de cultivos está la cosecha fina histórica: girasol que desborda silos y maíz temprano que ya empieza a llenar camiones. El campo parece un reloj suizo que se olvidó de parar. Pero el mecanismo tiene un engranaje flojo: la agroindustria cayó 0,7 % en la comparación anual y el lastre viene de la mano de la faena bovina y la molienda de la oleaginosa estrella.

En las plantas de biodiesel, sin embargo, el ánimo es otra cosa: +2,5 % en febrero. El verde combustible se vuelve el parche que amortigua la caída de sus hermanos mayores.

La moralea es cruda: el campo crece, pero crece dislocado. Producción arriba, exportación abajo. Grano para llenar silos, no para llenar barcos. Y mientras el mundo pide soja, nosotros la guardamos o la perdemos en la logística. El récord brilla, pero el resplandor encandila más que ilumina.