El cantante que cobró con su vida el final de la fiesta
Arturo ya no volverá a subirse al escenario. La voz que animó cientos de cumpleaños en Tijuana calló a tiros cuando el festejado, tras brindar con tequila y soplar las velas, desenfundó una pistola y vació el cargador contra los cinco chicos de Reacción. El vocalista recibió tres impactos en el pecho y murió antes de que la ambulancia cruzara la avenida Cuauhtémoc. Su compañero Raúl, 24 años, segundo voz y guitarra, cayó herido junto al batería. El salón “El Roble” olía a pólvora y a pastel de chocolate.
Una banda que tocaba para soñar
Rosarito los vio nacer en 2015: cinco estudiantes que ensayaban en el garaje de los padres de Arturo. Subían covers de Los Tucanes a YouTube y repartían tarjetas blancas con su logo en las ferias del municipio. Cobraban 8 000 pesos por fiesta, apenas el alquiler del equipo, pero se juraron llegar a Estados Unidos. Anoche les ofrecieron 12 000 y unas hamburguesas. Aceptaron. Nadie les advirtió que el cumpleañero andaba “pasado de copas y otra cosa”, como dirá después la mesera que sirvió la cerveza.
La colonia Ciudad Jardín despertó con sirenas. Vecinos contaron que los primeros disparos sonaron a las 2:13, cuando el DJ bajó el volumen para el ya mítíco “Mañitas”. Al parecer el anfitrión —identificado sólo como Eduardo “N”, 27 años, dueño de una agencia de autos seminuevos— gritó que la música era “naca” y que él “manda en su pinche fiesta”. Después vino la ráfaga. Uno de los músicos intentó escapar por la cocina; resbaló en su propia sangre.

Tijuana, tierra que se traga a sus trovadores
El caso no es aislado. El 24 de octubre pasado los restos de Eleuterio “Tello” Higuera aparecieron en La Gloria: también era vocalista, también lo levantaron tras una fiesta privada. Su tío, Mario Quintero, lleva tres décadas cantando narcocorridos y aún no consigue justicia. La lista crece: El Shaka, El Grillo, el hijo de Chalino Sánchez. El periodista musical Esteban Solís lleva la cuenta: al menos quince cantantes regionales han sido asesinados en Baja California en los últimos cinco años. “Tocar para el público local es un sorteo. A veces te toca el aplauso, a veces la ráfaga”, dice.
La Fiscalía estatal abrió la carpeta 1423/2024 y difundió un comunicado de cuatro renglones. Promete “exhaustiva investigación”, pero en la colonia nadie cree. El salón “El Roble” ya amaneció pintado de nuevo: cubrieron los impactos con carteles de “Se renta”. Los padres de Arturo recogieron el acordeón sin un rasguño. Lo cargaron como quien carga un ataúd pequeño.
Reacción borró su página de Facebook. El último video, subido el 17 de marzo, muestra a Arturo cantando “No hay chanza de volver”. La cifra habla por sí sola: treinta mil reproducciones en una noche. Los comentarios ya no piden contrataciones; piden justicia. Y la banda, sin voz, se rompe. El batería se fue a Ensenada a vender cerveza. El acordeonista juró no tocar jamás en un cumpleaños. Tijuana sigue bailando, pero ahora pide playlists sin norteño. La música regional se quedó con un silencio que pesa más que el acordeón.
