El celta se queda sin pilotos: moriba y vecino, en la lona y el valencia acecha
Vigo respira con la boca abierta. En la ciudad deportiva de A Madroa, el balón rueda como si nada, pero Claudio Giráldez nota el pulso irregular: le faltan tres centrocampistas de golpe y el Valencia llega el domingo con ganas de sangre.
Moriba regresa, pero no está
Ilaix Moriba, ese tren que nació en Conakry y aterrizó en Galicia para darle oxígeno al centro del campo, volvió a entrenarse ayer. Lo hizo al margen, con la rodilla derecha vendada como un recuerdo. La tendinopatía rotuliana lo ha tenido diez días fuera de la órbita y aún no ha entrado en la órbita de los once titulares. El cuerpo médico le ha dicho: «Tranquilo, pero no te fíes». Puede sentarse en el banquillo, pero saltar al césped es otra película.
La federación guineana lo echó de menos esta semana. Su ausencia en la concentración africana fue la primera señal de alarma: si tu país te necesita y tú te quedas en casa, es que algo pica. Ahora, el reloj marca 48 horas para saber si su chasis aguanta 90 minutos de presión alta contra Hugo Guillamón y company.

Vecino, el solitario del gimnasio
Mientras tanto, Matías Vecino pedalea solo. El uruguayo arrastra una rotura fibrilar en el sóleo izquierdo —esa herida que se le hinchó durante el descanso del partido contra el Olympique Lyon— y ayer ni pisó el césped. En su lugar, ejercicios de piscina y bandas de resistencia. El staff fija su vuelta en tres semanas mínimo, justo cuando el Celta afronta el tramo de abril que puede dejarle fuera de Europa o meterle en la pomada de la Conference.
Lo que nadie cuenta es que Vecino, a sus 32 años, es el único mediocentro puro con experiencia Champions que queda en la plantilla. Sufrir su baja es como quedarse sin paracaídas en plena caída libre.
El agujero negro del mediocampo
La lista de bajas suena a rap de desgracia: Miguel Román, el canterano que soñaba con ser el nuevo Borja Oubiña, tiene el pie izquierdo enguantado en yeso hasta junio. Fractura del quinto metatarsiano, temporada finiquitada. Tres centrocampistas en la enfermería y solo dos días de microciclo para recomponer el rompecabezas.
Giráldez probó ayer un once de emergencia: Fran Beltrán de interior derecho, Jailson —que llegó con la vitola de recambio— como doble pivote y Damián Rodríguez, el juvenil que aún no ha debutado, calentando la banda. El experimento duró 45 minutos. Luego, pizarra y vuelta a empezar.
Valencia, el espejo que espeta
El rival no perdona. Los de Rubén Baraja llegan a Balaídos con Pepelu y Javi Guerra en racha: 6 goles generados entre los dos en los últimos cuatro partidos. Si el Celta pierde el control del centro, el choque puede convertirse en un correcalles hacia la portería de Iván Villar. El partido se juega más allá del marcador: una derrota dejaría a los vigueses a tres puntos del descenso; una victoria les colocaría a cinco de la zona Champions. El abismo y la gloria, a seentra metros.
En el vestuario azul hay quien aprieta los dientes y quien aprieta el silbato. El mensaje es claro: «Nos sobra corazón, nos falta tobillo». Moriba puede ser la tabla de salvación, pero primero debe convencer a su rodilla. El domingo, a las 18:30, el balón empezará a rodar y el Celta sabrá si tiene mediocentro o inventa uno. La ciudad olívica aguarda. La temporada, en suspenso.