El cine palestino triunfa tras la masacre: ‘nos premian cuando ya no queda nada’

La alfombra roja empieza en las ruinas de Gaza. Kamal Aljafari desembarca en México con una retrospectiva que huele a polvo de demolición y a esperanza que se agota. Su diagnóstico es brutal: los Oscars y los festivales solo abren la puerta cuando antes han volado las casas.

Lo que nadie cuenta es que Paradise Now (2005) fue un espejismo. La primera nominación palestina sirvió para que Hollywood pudiera decir «mirad, también contamos sus historias», mientras el bloqueo israelí se endurecía y las colonías crecían como tumores. Dos décadas después, No Other Land gana el Oscar al mejor documental y ni siquiera encuentra distribuidor en EE.UU. Los cineastas pagan la campaña de taquilla con crowdfounding. La estatuilla decora una oficina sin presupuesto.

El premio llega cuando el proyectil ya impactó

Aljafari lo resume en una frase que se queda clavada: «Los palestinos existen, pero solo como cadáveres o como protagonistas». La ironia es que cuanto más se estrecha el cerco sobre Gaza, más pantallas proyectan sus rostros. La Voz de Hind, rodada entre bombardeos, suena en Berlín. With Hasan in Gaza se exhibe en Morelia. El mundo aplaude y luego firma nuevos contratos de armamento.

El cineasta de 54 años lleva veinte años filmando en Haifa y Yaffa, ciudades donde sus vecinos aún hablan árabe pero donde la municipalidad borra los topónimos originales. «Hacemos cine de vigilancia: grabamos antes de que derriben el edificio de al lado». El resultado es un archivo de desaparición sistemática: casas, rostros, recuerdos. La cámara como última trinchera.

De palestina a irán: el mismo guion de destrucción

De palestina a irán: el mismo guion de destrucción

Aljafari no se queda en el duelo local. En cuanto menciona a Irán cambia la velocidad del discurso. «Irán, Irak, Libia, Siria: mismo guion. «Liberar» del dictador para dejar el país hecho polvo y los dictadores más fuertes». Jafar Panahi, nominado este año, sigue bajo arresto domiciliario. «Panahi filmó desde el taxi. Nosotros filmamos desde el escombro. El formato cambia, la censura es la misma».

La cifra habla por sí sola: desde 2023 se han estrenado en festivales más de 30 películas palestinas, casi el doble que en la década anterior. Paradójicamente, la producción local en territorio se derrumba por el corte de electricidad y la escasez de agua. «Rodamos con baterías de coche y drones que entran por los túneles. El cine se ha vuelto contrabando».

Lo que más duele, dice mientras toma café en la Condesa, es la hipocresía europea. «Alemania proclama cero tolerancia con el antisemitismo y luego financia la expulsión de beduinos en el Negev. España, al menos, dijo que no presta bases. Una gota de agua en el océano de cinismo».

Cuando el oscar no alcanza para pagar el taxi

La gira Ambulante exhibirá siete títulos de Aljafari hasta el 21 de mayo. La entrada cuesta lo mismo que un frasco de humus en el supermercado. «No buscamos lástima, sino empatía política. Defender Palestina ya no es solidaridad, es autoprotección: si hoy bombardean Gaza, mañana tu ciudad será blanco por alguna otra excusa».

Termina la entrevista y pide añadir un último dato: Paradise Now se proyectó en Jerusalén este año en una sala con 80 butacas. Acudieron 14 personas, entre ellas 3 soldados israelíes que se fueron a la mitad. «Esa es la audiencia real. El resto es decorado de red carpet».