El cuidado silencioso: colombia paga un impuesto económico desproporcionado
Colombia ha revelado una verdad incómoda: el trabajo doméstico y de cuidado, a menudo invisibilizado, representa un 19,9% del Producto Interno Bruto (PIB) del país. Una cifra que supera la contribución de sectores industriales clave y que pone de manifiesto una profunda desigualdad estructural.
Una carga desigual: mujeres y el peso del cuidado
Según datos del DANE, las mujeres son las responsables del 14,8% del PIB a través de estas labores, mientras que los hombres aportan solo el 5,1%. Se trata de un valor económico estimado de 340,5 billones de pesos colombianos – una suma que, en términos monetarios, equivale a unos 104.000 millones de dólares. Un dato escalofriante que exige una reflexión urgente.
En 2024, se contabilizaron 44.326 millones de horas dedicadas exclusivamente a este trabajo no remunerado. El 75,9% de este tiempo recayó sobre las mujeres, evidenciando una vez más la carga desproporcionada que soportan en el ámbito doméstico. Es una dinámica que, a simple vista, parece inmutable.

Desglosando las horas: de la preparación de alimentos al voluntariado
El informe revela que la preparación de alimentos concentra el 36,3% del tiempo dedicado a estas actividades, seguida de las labores de limpieza y mantenimiento del hogar, que absorben el 25,9%. El cuidado y apoyo a familiares, el mantenimiento del vestuario, las compras y la administración del hogar, y las actividades de voluntariado completan la lista de tareas más demandantes. Una distribución que, sin duda, refleja la complejidad de la vida familiar colombiana.
Pero la realidad es más profunda. El DANE señala que la producción de trabajo doméstico y de cuidado es significativamente mayor en mujeres a lo largo de su ciclo vital. Las mujeres dedican, en promedio, 23,5 horas semanales a estas tareas, comparado con las 8,6 horas de los hombres, con una brecha especialmente pronunciada entre los 27 y los 59 años. Una diferencia que se traduce en una pérdida de oportunidades económicas y profesionales para las mujeres.
En términos monetarios, las mujeres alcanzan un máximo de 12,7 millones de pesos colombianos anuales (aproximadamente 3.600 dólares) gracias a este trabajo no remunerado, mientras que los hombres se sitúan en 5,2 millones de pesos (1.500 dólares). Un abismo que subraya la precariedad de esta actividad y la necesidad de políticas públicas que reconozcan y valoren su importancia.
El estudio también destaca que el cuidado infantil, la principal demanda, disminuye durante la niñez y la adolescencia, pero se intensifica nuevamente en la vejez. En este escenario, las mujeres en edad productiva (15 a 59 años) asumen el 5,2% de las horas semanales dedicadas al cuidado, mientras que los hombres contribuyen con solo 1,5%. Una carga que, lejos de desaparecer, se perpetúa de generación en generación.
“Los resultados de las Cuentas Nacionales de Transferencia de Tiempo demuestran que la producción del trabajo doméstico y de cuidado no remunerado es mayor en las mujeres durante todo el ciclo vital,” afirma el DANE. Una verdad que, a pesar de estar documentada, sigue siendo ignorada por una gran parte de la sociedad. Es hora de reconocer que el trabajo doméstico no es una
