El deportivo se queda sin su capitán: villares, seriamente en duda para el duelo clave contra el córdoba
El corazón del Deportivo late con incertidumbre. Diego Villares, el capitán que lleva el ritmo y la garra en la medular, se perdió el entrenamiento de este lunes en Abegondo y su presencia mañana en El Arcángel se antoja una quimera. Antonio Hidalgo, con el tono pausado del que ya teme lo peor, lo dejó claro: «Tiene difícil llegar». Tres palabras que suenan a sentencia en una semana que puede decidir el rumbo de la temporada.
El hombro que puede cambiar un destino
La dolencia no es nueva. Villares ya se retiró al descanso del derbi ante el Sporting agarrándose el hombro derecho como quien sujeta una maleta a punto de romperse. Desde entonces, el club mantiene el hermetismo sobre el diagnóstico exacto, pero el hecho de que ni siquiera haya pisado el césped con el grupo habla por sí solo. Hidalgo insiste en que «queda un día», pero el gesto de su técnico delata la desesperanza: los médicos trabajan a contrarreloj mientras el reloj se ríe.
La grada ya da por hecho que Mourilo o Álex Bergantiños ocuparán el vacío. Ninguno, eso sí, aporta el desequilibrio de Villares, cuya conducción en espacios reducidos ha salvado al Deportivo en al menos seis puntos esta temporada. Sin él, el dibujo pasa de 4-3-3 a un 4-4-2 más cauteloso que, paradójicamente, puede beneficiar a un Córdoba que se nutre de las transiciones rápidas.

Alivio en la zaga, pero el daño está hecho
No todo son malas noticias. Miguel Loureiro y Quagliata completaron la sesión sin aparentes contratiempos pese a arrastrar molestias. «Con normalidad», matizó Hidalgo, aunque el matiz esconde una verdad incómoda: ambos jugadores han estado semanas inyectados para aguantar el tirón del play-off. El cuerpo técnico firma pactos con el diablo: cada partido es una ruleta rusa en la que el próximo disparo puede ser el definitivo.
El vestuario, por ahora, se agarra al mantra de «todo por el compañero». Pero dentro hay quien confiesa, entre susurros, que la baja de Villares desnuda la falta de plan B en la medular. La dirección deportiva ya sondea el mercado de agentes libres —el reglamento permite un fichaje extraordinario por lesión—, pero los nombres que circulan (Fausto Tienza, Cristian Lobato) saben a urgencia y no a solución.
Mañana, a las 19:30, el Deportivo saltará al campo cordobés con el alma dividida: la necesidad de ganar para no descolgarse y el miedo a que el esfuerzo desboque definitivamente a una plantilla que lleva siete partidos en veintiún días. La temporada entera puede resumirse en un hombro que no da más de sí. Y, entre tanto drama, el balón seguirá rodando. Como siempre.
