El dólar que no se mueve: uruguay atrapado en una calma que esconde riesgos
El billete verde abrió este 30 de marzo a 40,61 pesos, el mismo precio con el que cerró ayer, la semana pasada y casi el mes pasado. La plaza cambiaria local parece una fotografía: nadie se atreve a comprar ni a vender de golpe, y la cotización se ha convertido en un disco rayado que repite el mismo número hasta el cansancio.
La trampa de la estabilidad aparente
Detrás del 0 % de variación diario se esconde una verdad incómoda: el dólar subió un 1,11 % en los últimos siete días y acumula un 0,73 % interanual. Son cifras que en Buenos Aires o Lima pasarían desapercibidas, pero en Montevideo suenan a alarma cuando el Banco Central acaba de rebajar el pronóstico de crecimiento del PBI para 2026 al 1,87 %, cuatro décimas por debajo de lo esperado hace apenas ocho meses.
El mensaje es claro: la economía local se desacelera y el tipo de cambio, lejos de reflejar la tormenta, parece anestesiado. Los analistas consultados por el BCU creen que el dólar terminará 2026 en 40,19 pesos, apenas ocho centavos arriba del valor actual. Es una proyección que huele a tabla de salvación más que a confianza: con inflación anual proyectada en 4,4 %, el peso uruguayo ganaría poder de compra, pero a costa de una actividad que ya muestra signos de agotamiento.

Historia de una moneda que se niega a saltar
Uruguay conoce bien este guion. En 2002, cuando Jorge Batlle devaluó tras la fuga de capitales, el dólar se disparó un 90 % en meses. La lección dolió tanto que desde entonces el país adoptó la flotación libre como escudo, pero también como corsé: sin bandas, sin sorpresas, sin aventuras. El resultado es un tipo de cambio que se mueve menos que el promedio de la región, pero que encubre un PBI per cápita que crece menos que el de Chile o Panamá y una clase media que ya representa el 60 % de la población pero que ve cómo sus hijos emigran a Madrid o Austin.
La calma, en fin, no es gratuita: el Central ha perdido reservas en los últimos tres meses y el déficit fiscal sigue flotando cerca del 3,5 % del PBI. Mantener el dólar quieto cuesta dinero real, y el silencio de la plaza cambiaria empieza a sonar como una cuenta bancaria que se descapitaliza lentamente.
Mientras tanto, el uruguayo promedio celebra que el billete verde no se dispare cada vez que va a la casa de cambio de 18 de Julio. Lo que no sabe es que, a este ritmo, su salario comprará más dólares en 2026, pero tal vez no haya suficientes empleos locales para pagarlo. La moneda está quieta; la economía, no tanto.
