El dólar se ancla en 18,13 pesos y encadena cuatro días de alza: la calma que encubre un terremoto cambiario
México amaneció con el dólar respirando sobre su nuca: 18,13 pesos por billete verde, la misma cifra que ayer, pero esa aparente quietud es una trampa. En la última semana la divisa norteamericana ha ganado 1,88 % y acumula cuatro jornadas consecutivas en ascenso, un rally que dispara las alarmas de importadores y deudores hipotecados en UDIS.
La volatilidad roza el 10 % y desvela la fragilidad del peso
Lo que nadie cuenta es que el tipo de cambio ha duplicado su nerviosismo. La volatilidad de los últimos siete días se ha disparado hasta el 9,77 %, por encima incluso del promedio anual (8,84 %). Traducción: los operadores están apostando fuerte y el mercado huele sangre. El Banco de México puede intervenir con reservas —casi 198 000 millones de dólares—, pero cada vez lo hace con más discreción para no regalarle señales a los especuladores.
El dato duele más si se aleja el telescopio. A doce meses vista el peso se ha revalorizado un 7,3 % frente al dólar, gracias a los réditos de la alta tasa de Banxico y a la fuga de capitales que abandonan Europa y Asia en busca de rendimiento. Pero esa bonanza puede evaporarse en cuestión de horas si la Reserva Federal endurece aún más su discurso y los fondos de inversión repatrian masivamente liquidez hacia Wall Street.

¿Quién paga la factura de esta micro-devaluación?
Los primeros en notar el golpe son las empresas exportadoras: cada centavo que gana el dólar les ingresa 200 millones de pesos extra por facturación en autopartes, cerveza y aguacate. El lado oscuro lo sufren las familias que importan electrodomésticos o repuestos de automóvil: la canasta tecnológica subirá entre 1,5 % y 2 % antes de Semana Santa, según cálculos de la Asociación de Importadores de la República Mexicana.
El gobierno, por ahora, guarda silencio. La Secretaría de Hacienda prefiere que el tipo de cambio actúe como válvula de escape ante la desaceleración de Estados Unidos; un peso muy fuerte lastraría la entrada de divisas provenientes de remesas, que en febrero ya tocaron los 4 400 millones de dólares. El mensaje es sutil: no moveremos ficha mientras la inflación no despierte. El problema es que los precios de la gasolina y los alimentos empiezan a tambalearse, y el dólar caro los empuja un punto más.
La partida de póker está servida. El mercado cambiario mexicano —tercero más líquido del mundo emergente— puede pasar de la calma al caos con un solo tweet de Jerome Powell. Hoy la cotización parece anclada, pero esa repetición de 18,13 es la antesala de un salto. Los bancos centrales han perdido la brújula y los inversores lo saben: en este tablero nadie se atreve a dormir.
