El dólar se desangra y el banco central ya prevé 69 pesos: la cuenta atrás del peso dominicano
El dólar amaneció este 30 de marzo a 59,36 pesos, dos centavos menos que ayer. Parece una tontería, pero suma tres días seguidos de caída y la volatilidad ya bate récord. La historia no es el hoy; es el mañana que ya llegó: el banco central proyecta 66,35 pesos en septiembre de 2026 y 69,15 en 2027. El cliente de casa se llama depreciación controlada, pero el fine print advierte que el control lo pone Washington, no Santo Domingo.
La trampa de las tasas que se abre paso
La Reserva Federal sigue en modo halcón mientras el Banco Central dominicano ya huele recesión. Resultado: el diferencial de intereses se estrecha y el capital extranjero —ese que financia el 4 % del PIB vía turismo y remesas— empieza a mirar otros horizontes. La última vez que ocurrió, en 2013, el peso perdió 11 % en seis meses. Ahora la prensa habla de “estabilidad”, pero la curva de futuros de Chicago cotiza el dólar en 70 pesos para diciembre de 2026. ¿Estabilidad? Más bien un vals con los ojos vendados al borde del acantilado.
El gobierno, lejos de contener el deseo de dólares, acaba de aprobar un presupuesto suplementario que eleva el gasto de capital en 0,4 puntos del PIB. El déficit trepará al 3,5 % este año y al 3,2 % en 2026. La lógica es simple: si el turismo y las zonas francas no dan el extra, se imprime. Y cuando se imprime, el tipo de cambio sangra. El Banco Central puede vender reservas —tiene 14.000 millones—, pero cada 500 millones que coloca en el mercado le cuesta un punto de cobertura importadora. La cuenta atrás ya empezó.

¿Quién paga la fiesta del 4 % de crecimiento?
UBS dibuja un 2026 dorado: crecimiento al 4 %, turismo rebotando, tasas bajas, inversión extranjera al 4 % del PIB. El cuadro olvida un detalle: la mitad de esa inversión llega en dólares que luego se convierten en pesos para pagar obreros y proveedores. Cada millón que entra hoy se cambia a 59, pero dentro de 18 meses habrá que devolverlo a 69. La deuda externa del sector privado —ahí sí que no la firma el Estado— ya roza los 38.000 millones. El margen de maniobra se reduce a una ecuación de primaria: o suben las exportaciones de servicios un 15 % o el déficit por cuenta corriente —2,5 % del PIB previsto— se financia con más deuda. El círculo se cierta: más dólares para pagar deuda, más presión sobre el tipo de cambio.
El ciudadano de a pie ya lo siente: el pollo subió 9 % en lo que va de año y el litro de gasolina se niega a bajar de 62 pesos. La deprecia-ción —esa que los analistas llaman “controlada”— se come el salario real. El salario mínimo subió 14 % en enero, pero el dólar sumará 16 % en 24 meses. La cuenta de la vida cotidiana se paga en pesos, pero la factura final llega en dólares.

El final no es una pregunta, es una fecha
El Banco Central puede maquillar el ritmo: subastas diarias, líneas de swap, controles administrativos. Puede incluso ganar tiempo hasta las elecciones de mayo de 2026. Pero la hoja de ruta está escrita: 66 pesos en septiembre, 69 en 2027. El ajuste llegará tarde o temprano porque el mercado siempre cobra. Y cuando lo hace, no pregunta: ejecuta. La próxima vez que alguien le diga que el tipo de cambio es “una simple variable macro”, recuérdele que cada peso de deprecia-ción le resta 0,6 % de poder de compra al 70 % de la población que gana menos de 500 dólares al mes. La historia del dólar en República Dominicana ya no es economía; es cronograma.
