El dólar se queda en 24 pesos, pero cuba ya perdió el miedo al cambio
El dólar cerró ayer otra vez en 24 pesos cubanos, la misma cifra de ayer y anteayer. La parálisis del tipo de cambio oficial, sin embargo, es la única cosa que no se mueve en la Isla: los precios de la calle siguen disparados, los apagones suman 20 horas diarias y el pan de cada mañana cuesta ya el triple que en enero.
El Banco Central insiste en que la volatilidad ha bajado. Lo que no dice es que la estabilidad llegó demasiado tarde: la economía lleva cuatro años contraída, el PIB perdió 11 puntos entre 2020 y 2024 y el salario real ronda los 30 dólares mensuales. La gente ya no mira la cotización oficial; mira Telegram, donde el euro se vende a 280 pesos y el dólar blue supera los 250.
La guerra que no se ve en los papeles
Joaquín Alonso, ministro de Economía, avisa que 2026 será un año de "economía de guerra". La frase suena a estrategia, pero en los mercados de Cuatro Caminos se traduce en colas para comprar pollo y en racionamiento de huevos. El Gobierno proyecta un crecimiento del 1 %; la prensa oficial lo celebra. Lo que no menciona es que ese mismo 1 % fue el objetivo fallido de 2025, cuando el PIB terminó cayendo otro 1,1 %.
El turismo, gran esperanza de la recuperación, aportó en 2024 700 millones de dólares menos que en 2019. Los servicios médicos al extranjero —la gallina de los huevos de oro— apenas sumaron 2.300 millones, cifra que no alcanza ni para cubrir la factura anual de importaciones de alimentos. Mientras tanto, el déficit fiscal se dispara a 74.500 millones de pesos (3.100 millones de dólares al cambio para empresas) y la inflación prevista del 10 % solo aplica a la tienda en pesos; en la libreta del hogar los precios suben 40 % cada año.

El día que mataron al cuc
La historia reciente del peso cubano es una necrología. En enero de 2021 desapareció el convertible (CUC), la moneda que durante dos décadas sirvió de escudo contra la devaluación. El llamado "Día Cero" prometía orden: 24 pesos por dólar y un mercado único. Lo que llegó fue el caos. El peso cubano, que en 2002 valía 21 por CUC, saltó a 25 y luego se hundió en el mercado paralelo. Hoy el billete de 1.000 pesos —el más grande que existe— apenas alcanza para cuatro libras de arroz.
La gente aprendió a sobrevivir con tres monedas en la cabeza: el peso que cobran, el dólar que ahorran y el euro que sueñan. En el interior de los bolsillos, sin embargo, solo hay efectivo extranjero. El peso cubano se usa para pagar la luz —cuando hay— y para rellenar la ficha del transporte urbano. Todo lo demás se negocia en divisa.
El cierre de marzo, entonces, no es una noticia: es una foto congelada de un país que se desangra en cámara lenta. El 24 fijo es la cortina que intenta ocultar el 250 de la calle. Mientras tanto, los cubanos siguen exportando su principal mercancía: gente. En los últimos cinco años se fueron 700.000. La devaluación real ya ocurrió; ahora solo queda contar cuántos se irán con ella.
