El eibar desata una tormenta en ipurua y ahoga la ilusión de las palmas

El eibar no solo ganó; arrasó. En apenas 43 minutos, el equipo de Gorka Iraizoz convirtió Ipurua en un campo de cultivo donde sembró tres goles que ya florecen como opciones reales de playoff. Las Palmas, sorprendido, apenas tuvo tiempo de rehacerse del primer golpe cuando ya encajaba el tercero.

Un inicio que dejó sin aliento a las palmas

El balón aún olía a césped fresco cuando José Corpas ya avisó con un cabezazo que obligó a Dinko Horkas a estirarse como un gato. Fue el preludio de lo que vendría: un eibar que salió a morder, no a esperar. A los 16 minutos, Mada aprovechó un rechace para batir al portero croata. La alegría local duró 60 segundos. Manu Fuster, en un contraataque fulgurante, igualó con un disparo cruzado que dejó a Magunagoitia sin reacción.

Pero el eibar no se arruga. Dos minutos después, Martín cabeceó a la red, aunque el VAR anuló por falta previa. El partido era un vendaval. Las Palmas, herido, respondió con tres ocasiones claras: un disparo alto de Ale García, un balón al larguero y un tiro desviado de Jesé. Pero cuando más dominaban los canarios, llegó el segundo gol armero: Aleix Garrido, con un pase filtrado digno de un maestro, dejó a Martín solo ante Horkas. El 2-1 fue una sentencia en suspenso.

Y antes del descanso, la puntilla. Cubero, desde la derecha, puso un balón que Martín empujó con la frialdad de un asesino. 3-1. Ipurua explotó. Las Palmas, desquiciado.

La segunda parte fue un espejismo amarillo

La segunda parte fue un espejismo amarillo

Los de García Pimienta salieron con ímpetu. Miyashiro, despierto, tuvo dos ocasiones que hubieron sido gol en otro día: un disparo alto y un cabezazo al larguero. Luego, otro tanto anulado por fuera de juego. Pero el eibar, ya con la mente en el playoff, administró el resultado con la sabiduría de quien ha tocado fondo y ahora respira oxígeno puro.

Lo que nadie cuenta es que este eibar ya no es el equipo tembloroso de septiembre. Ha encadenado cinco jornadas sin perder. Ha metido 10 goles en los últimos tres partidos. Y, sobre todo, ha igualado la diferencia de goles con Las Palmas. La zona de promoción está a solo tres puntos. La cifra habla por sí sola: el Eibar ha pasado de estar enterrado a tener la pala en la mano.

En el banquillo, Iraizoz ya no grita; ordena. En la grada, la afición ya no espera; exige. Y en el campo, los jugadores ya no corren; vuelan. La lucha por el ascenso ya no es una quimera. Es una fecha en el calendario que empieza a olvidar a los que una vez los dieron por muertos.