El euro cae en la habana mientras el gobierno anuncia otra década de penuria

El euro cerró este domingo en 27,51 pesos cubanos, dos décimas menos que el viernes. La caída parece nimia, pero en la Isla nada es nimio: cada centavo que se desliza hacia abajo alimenta el mercado negro y vacía las neveras.

La cotización oficial es solo un decorado

Los 27,51 pesos de cambio formal existen solo en el papel. En la calle, en Telegram o en la puerta de un agropecuario de Boyeros, un euro se paga a 320 pesos; un dólar, a 340. La brecha —1.063 %— es el termómetro de un país que lleva cuatro años contraído: -11 % de PIB entre 2020 y 2024 y -1,1 % el año pasado. El Ministerio de Economía cree que en 2026 crecerá un 1 %. La misma cifra que prometió para 2025 y no logró.

Joaquín Alonso, titular de la cartera, lo advirtió: operaremos en «economía de guerra». Traducción: apagones diarios de 14 horas, colas que empiezan a las 4 a.m. y un déficit fiscal de 74.500 millones de pesos (3.100 millones de dólares) que, paradójicamente, duplica el valor de todas las exportaciones cubanas de bienes en 2024.

El turismo médico que no alcanza

El turismo médico que no alcanza

La apuesta oficial son los servicios médicos y el turismo. Pero la inflación del 40 % en 2022 y el 14 % en 2025 ha convertido la estancia de un canadiense en Varadero en un lujo para él y en una pesadilla para el anfitrión: un cocktail en el Meliá cuesta el equivalente al salario mensual de un profesor universitario.

Mientras, la deuda externa sigue creciendo y los barcos con alimentos del Programa Mundial de Alimentos atracan cada vez con menos frecuencia. La dolarización es tal que hasta las licuadoras se venden en MLC (moneda libremente convertible), una ironía en una nación que abolió el dólar en 1959.

El gobierno promete ahora un entorno «más dinámico y transparente» para los inversores. Lo cierto es que la última gran inversión extranjera —el puerto de Mariel— lleva tres años operando al 30 % de su capacidad y su zona especial apenas atrae nueve empresas, tres de ellas estatales.

El euro puede seguir bajando en la pizarra del Banco Central, pero en la cotidianidad el único tipo de cambio que importa es el que marca el hambre: 320 pesos por euro, 340 por dólar, y un país que ya no tiene historia monetaria, solo memoria de devaluaciones.