El euro se ancla en 1,15 balboas y panamá ya cuenta los dólares que llegarán en 2026
El euro cerró ayer en 1,15 balboas, el mismo precio que hace 24 h, pero 1,07 % más caro que hace una semana. La cifra parece un empate técnico; no lo es. Tras un año de vaivenes, la divisa europea se ha estabilizado justo cuando Panamá apuesta todo a su relación cero riesgo con el dólar.
La paridad que no se discute
En el país no existe tipo de cambio. El balboa no es moneda, es sello: vale lo mismo que un dólar porque es un dólar en versión local. Ningún ciudadano panameño consulta el precio del balboa; lo hace del euro, la libra o el yen cuando planifica vacaciones o recibe una remesa. Ese 1,15 de ayer importa a la exportadora de café que cobra en euros y paga salarios en dólares, y al hotel de la calle 48 que revisa cada mañana cuánto subirá su lista de precios para turistas franceses.
La quietud del cruce EUR/PAB encaja con el guion oficial: el Ministerio de Economía espera que el PIB crezca un 4 % en 2026, empujado por el Canal, la logística y un boom bancario que ya factura comisiones por servicios a clientes que no ponen un pie en istmo. El secreto no es el canalito, es la ausencia de riesgo cambiario. Mientras el resto de la región ahoga a sus empresas con devaluaciones, Panamá ofrece certidumbre: cobrarás en la misma divisa con la que pagarás la hipoteca.

Rentabilidad a cambio de deuda
Los bonos soberanos en dólares rindieron más del 24 % en 2025, una hazaña que deja lejos al petróleo y al cobre. Fondos de Nueva York y Londres se pelean por ese extra que ofrece un país sin banco central ni prestamista de última instancia. La contra: la deuda pública trepó al 62 % del PIB y la calificadora Fitch ya advirtió que cualquier resbalón fiscal convertirá ese premio en castigo.
El escenario se encoge si se cumplen las advertencias de UBS: litigios millonarios por la mina de cobre de Donoso, un Congreso fragmentado que dilata la reforma tributaria y la sombra de una sequía que puede bajar el nivel de los lagos que alimentan el Canal. Cada centavo que gane el euro en la plaza panameña será bienvenido por quienes tienen ingresos en Europa y gastos en dólares. Pero nadie apuesta a largo: el mercado de cambios aquí mide horas, no semanas.
El mensaje es brutal y simple: Panamá no controla el tipo de cambio; controla la confianza. Mientras esa confianza dure, el euro puede subir o bajar diez centavos y seguirá siendo una anécdota. El día que la confianza falte, 1,15 balboas pasará a ser el menor de los problemas.
