El euro se ancla en 46,68 pesos y despierta la pregunta: ¿se agota la fiesta del peso uruguayo?
Montevideo amaneció con el euro a 46,68 pesos. La cifra parece un chiste de contable: apenas cuatro centavos menos que ayer, una variación del 0,1 %. Pero esa calma es mentira. En el piso de cambio nadie respira tranquilo: la volatilidad anual del peso contra el europeo lleva meses jugando a la ruleta y el Banco Central acaba de admitir que, para 2026, el dólar trepará hasta 40,19 pesos. La divisa local, en apariencia blindada, empieza a mostrar grietas.
El respiro de 24 horas que no es tal
La cotización abierta de este domingo encadena siete días de microsubidas: 0,11 % en la semana, 0,87 % en el año. Un zigzag que desconcierta a las mesas de dinero. 46,72 → 46,68 parece una pausa, pero en la trinchera de las reservas se interpreta como un amago de agotamiento. El BCU lleva tres meses vendiendo divisas para suavizar el tipo de cambio y la paciencia —y los dólares— empieza a escasear.
El gobierno de Luis Lacalle Pou ha preferido el silencio. Mientras tanto, la última mediana de expectativas del BCU traza un sendero ascendente: 38,98 pesos por dólar en enero de 2026 y 40,19 en diciembre. La proyección implica una devaluación implícita del 3,3 % frente al billete verde, un número que se trasladará de inmediato al euro si el Banco Central no coloca otro ancla.

La historia que nadie quiere repetir
Hace exactamente veintidós años el peso se desplomó 33 % en tres semanas. Fue el efecto dominó de la crisis argentina y la fuga de depósitos. Desde entonces Uruguay adoptó la flotación libre, construyó reservas y se convirtió en el alumno aplicado del FMI. Pero la tasa de interés real más alta del continente —que hoy atrae capitales— puede girar 180° si la economía brasileña o argentina estornuda. El euro, atrapado en ese engranaje, puede pasar de 46 a 50 pesos sin avisar.
La inflación proyectada —4,4 % en 2026— y un PBI que crecerá menos del 2 % dibujan un escenario de estanflación light. Con menos dinamismo exportador, el peso depende de la confianza. Confianza que, según el último Índice de Percepción de la Corrupción, baja dos puntos cada vez que se publica un caso de evasión en la prensa local.

¿Y ahora?
El ahorrista minorista compra euros hoy para despertar mañana con la misma angustia: la misma que siente el turista que cambió ayer y el exportador que cobra en dólares pero paga sueldos en pesos. El Banco Central tiene reservas por 16.000 millones de dólares, una colchoneta que parece holgada hasta que se la divide entre la base monetaria. Ahí la cuenta da vértigo: apenas nueve meses de importaciones.
Mientras tanto, la city porteña especula con que el próximo movimiento será un alza de 50 puntos base en la tasa de interés para defender al peso. Medida que, paradójicamente, atraería aún más capitales golondrina y encarecería el euro vía dólar. La sinfonía de siempre: subir la tasa para frenar la devaluación que la propia tasa provoca.
El mensaje es brutal: el euro plano en 46,68 pesos es una ilusión óptica. Detrás de esa aparente calma hay una presión que crece mes a mes. Cuando estalle, no habrá titular que avise. Porque en Uruguay, cuando el tipo de cambio se mueve, lo hace de noche y de golpe. Y siempre, siempre, deja cicatriz.
