El euro se dispara en bolivia y desata la tormenta cambiaria que el gobierno temía
El euro abrió este lunes a 7,89 bolivianos, un salto del 1,82 % que rompió el techo de los 7,80 y encendió las alarmas en La Paz. La divisa europea no solo borró la caída del 1,3 % registrada la semana pasada; de paso expuso la fragilidad del plan de unificación cambiaria que el gobierno de Luis Arce prometía para «el primer semestre».
La volatilidad regresa a las calles
El Banco Central de Bolivia (BCB) sigue publicando un dólar oficial a 6,96 bolivianos, cifra que hoy sirve más de ornamento que de referencia. En la práctica, los bancos ya operan con el «tipo de cambio de mercado» —9,21 para comprar, 9,40 para vender— y el paralela ronda los 9,64. La brecha entre lo que dice el Estado y lo que paga la gente supera el 38 %. El mensaje es demoledor: el tipo de cambio oficial se desvaneció sin despedirse.
El euro, convertido en termómetro de confianza, acumula un 0,74 % de alza en siete días y un 1,41 % en doce meses. La volatilidad diaria duplicó la anual. Traducción: los agentes ya no compran ni venden; especulan. Y lo hacen porque nadie sabe a cuánto estará el dólar —o el euro— dentro de una semana.

El crédito del bid no calma a los mercados
El gobierno celebró el préstamo de 4.500 millones de dólares del Banco Interamericano de Desarrollo como si fuera un escudo antimisil. Los mercados lo recibieron como un parche. El dinero llegará desembolsado entre 2026 y 2028, pero la inflación que augura el FMI —más del 15 % si no se frena la emisión— no espera. El Banco Mundial, por si fuera poco, prevé una recesión del -1,1 % del PIB este año. La CEPAL, siempre más optimista, dibuja un crecimiento del 0,5 %, es decir, un susurro estadístico.
El déficit fiscal, objetivo de guerra, cerró 2025 por encima del 8 %. El ministro de Economía promete llevarlo al 7 % en 2026. La meta es tan loable como la pregunta que persigue a los analistas: ¿cómo se reduce el gasto cuando la deuda en dólares se encarece cada vez que el boliviano se deprecia?

El ciudadano paga la cuenta día a día
Mientras los técnicos discuten sobre «flotación sucia» o «bandas de volatilidad», el boliviano promedio despierta con un solo dato: el pan de ayer costó 3,20 bolivianos; hoy vale 3,50. La depreción no es un concepto macroeconómico; es el huevo que sube diez centavos de golpe. El euro, esa moneda que muchos nunca tocarán, acaba de encarecer todo lo importado: repuestos, medicinas, celulares. La cadena se completa en el mercado de la 16 de Julio, donde los vendedores ya cotizan al «tipo de cambio de hoy, no del Banco Central».
La historia se repite. En 2025 la volatilidad ya había despedido al presidente del BCB. Ahora, la libre disponibilidad de divisas anunciada para «este semestre» se parece más a una válvula de escape que a una estrategia. El gobierno suelta dólares para evitar un corralito; los privados los atesoran porque creen que faltarán más tarde. El círculo vicioso queda intacto.
El euro, esa divisa que parece ajena, acaba de demostrar que en Bolivia no hay moneda menor: todas golpean el bolsillo. Y cuando la cotización se dispara 1,82 % en una sola sesión, la pregunta no es si habrá devaluación. La pregunta es cuánto falta para que el gobierno deba renombrarla «devaluación oficial» y dejar de contar la historia de la «unificación» como si fuera un cuento de hadas.