El fantasma del 33 %: un tercio de peruanos aún no elige presidente y el balotaje es una incógnita total

La frase que más se repite en los pasillos del JNE es «esto está para un sprint, no para una maratón». A nueve días del 12 de abril, Ipsos entrega la foto más cruda: 33 % de ciudadanos no tiene candidato y el «primero» apenas supera el 11 %. El país que se jactó de tener la campaña más corta del mundo ahora paga el precio de una oferta que nadie termina de comprar.

Keiko Fujimori se aferra al 11 % que la mantiene arriba, pero la cifra huele a techo: lleva meses sin moverse. Rafael López Aliaga, que en febrero rozaba el 12 %, ya baja al 9 % y pierde dos puntos tras el debate. Carlos Álvarez, el outsider que vende «país sin miedo», sube al 7 % y desplaza a Alfonso López-Chau y Roberto Sánchez, ambos estancados en el 4 %. El mensaje es claro: este no es un electorado que castigue, es uno que aún no encuentra a quien castigarle.

El debate que no convenció

El Jurado Nacional de Elecciones apostó a un cara a cara de tres noches para ordenar la torta. Lo logró, pero al revés: el bloque de indecisos bajó solo cuatro puntos (del 15 % al 13 %) y el voto blanco-viciado se mantiene en un 21 % que grita desafección. José Manuel Villalobos, estratega de campañas desde el 2001, tiene la explicación en la cédula: «El votante regional ve el nombre antes que la propuesta; si tu logo queda abajo, te hunden los que no te conocen». Traducción: la posición en la papeleta puede ser más decisiva que el plan de gobierno.

Lima y el interior cuentan historias distintas. En la capital, Fujimori trepa al 16 % gracias al recuerdo de su red clientelar de años anteriores. En provincias, la pelea se fragmenta: López Aliaga conserva 15 % en el norte, pero Álvarez despunta con 9 % en el sur andino donde la minería informal convive con la ausencia del Estado. Ahí la seguridad no se vende con discurso duro, se vende con empleo.

Los jóvenes, moneda al aire

Los jóvenes, moneda al aire

Omar Castro, gerente de CPI, lanza la bomba: «El 42 % de indecisos tiene menos de 34 años». La frase explica por qué nadie se fía de su propio número: el voto joven en Perú es volátil por diseño, cambia de celular y de candidato en la misma tarde. La última vez que un sector juvenil se agrupó alrededor de una figura fue con Pedro Castillo; hoy esa energía flota sin dueño y alimenta el 33 % que paraliza el tablero.

La campaña se juega entonces en TikTok, en los audios de WhatsApp y en los mítines donde la selfie vale más que el discurso. Por eso Marisol Pérez Tello sube al 2 % tras viralizar un video en un mercado de Vitarte y Fernando Olivera reaparece con la misma estrategia que usó en el 2000: denuncia diaria y memes. El límite entre la política y el entretenimiento se borra y, paradójicamente, es el único lugar donde crece alguien.

La incógnita final no es quién pasa, sino cuánto le costará llegar. El umbral para entrar al balotaje ronda los 18-20 % con esta abstención. Cualquier proyección que se publique hoy es papel mojado: con un tercio del país mirando al techo, la única certeza es que la noche del 12 de abril será larga y la foto de la victoria podría incluir menos gente que la que sale en un cumpleaños de quince años.