El fmi dibuja el desastre: guerra en gaza dispara la inflación y hunde la recuperación mundial

Washington ya no presume de previsiones cautas. El FMI ha descrito este jueves lo que temían los mercados desde octubre: un conflicto en Oriente Próximo que encarece la vida en Londres, vacía neveras en Lagos y paraliza fábricas en Bangladesh. El informe no se anda con eufemismos: los precios del petróleo y del gas treparán «hasta que los mercados se adapten» y el crecimiento global se resentirá «en todos los escenarios posibles».

La factura llega por doble vía: energía y alimentos

El diagnóstico es brutalmente simple. Si la guerra se alarga, el barril se queda en las nubes y los fertilizantes –amoniaco y potasa incluidos– encarecen la tortilla, el pan y el arroz. Italia y Reino Unido, atrapados por su dependencia del gas, verán cómo su déficit comercial se dispara. Francia y España, con parques nucleares y renovables a pleno rendimiento, respiran, pero no mucho: el trigo que importan por el Estrecho ya cuesta 14 % más que en septiembre.

La cifra habla por sí sola: los hogares más pobres destinan el 36 % de su consumo a llenar la despensa. En los países ricos, apenas el 9 %. Traducción: una subida de 20 dólares en el precio de la cesta básica tumba a 150 millones de personas bajo el umbral de pobreza. El FMI no necesita adjetivos; basta con mirar los datos.

Reservas vacías, cosechas en riesgo

Reservas vacías, cosechas en riesgo

El golpe se anticipa antes que llegue. El trigo de Ucrania ya llega tarde; el de Australia, caro. Ahora falta el que cruza el Golfo Pérsico. Las bodegas de los petroleros que atraviesan el estrecho de Ormuz transportan también contenedores de soja y maíz. Si alguien cierra el grifo, no solo falta crudo: falta comida. Y la siembra del hemisferio norte acaba de empezar.

Los bancos centrales lo saben. La Reserva Federal mantiene los tipos altos para aplastar la inflación interna; el BCE duda entre una nueva subida y resignarse a convivir con un IPC que no baja del 3 %. Los emergentes, sin embargo, no tienen margen: subir tipos les estrangula la deuda; no subirlos les estrangula la despensa.

El precio de la resiliencia

El precio de la resiliencia

El FMI insiste en que la región afectada «es resilient». Traducción diplomática: han sobrevivido a invasiones, sanciones y terremotos. Pero esta vez la infraestructura está rota y las reservas de divisas menguaban ya antes de la primera bomba. El turismo, que en Egipto supone el 12 % del PIB, se desplomó. El canal de Suez, que mueve 9.000 millones de dólares al día, registra su tráfico más bajo desde 2021. Y las refinerías de Jordania y Líbano reciben crudo iraquí con un descuento que ya no compensa el riesgo de incendio.

Mientras, en los despachos de Washington, Bruselas y Beijing se reparten el guante: ¿se atreven a liberar más barriles de sus reservas estratégicas? El Departamento de Energía de EEUU guarda 351 millones de barriles; la Unión Europea, 130. Pero abrir el grifo ahora es admitir que la guerra va para largo.

El informe cierra con una frase que suena a epitafio: «Muchas economías que apenas comenzaban a mostrar signos de recuperación verán truncadas sus expectativas». No hay proclamas, no hay llamamientos. Solo constatación. La crisis es global, pero el dolor es de patio trasero: el pan de cada día que ya no cuesta lo mismo.