El fmi traza el mapa de la hecatombe: quién se hunde y quién se salva del estallido iraní
La guerra en Irán ya no es un titular lejano: es una factura que llegará a cada país con distinto importe y vencimiento. El Fondo Monetario Internacional ha desplegado este lunes el primer desglose país por país de cómo se traducirá en inflación y estancamiento el conflicto iniciado el 28 de febrero. La conclusión es tan simple como demoledora: los que más dependen de la energía extranjera y tienen menos colchón fiscal pagarán el pato.
El petróleo se dispara, pero no para todos
El estrecho de Ormuz, por donde discurre un cuarto del crudo mundial, lleva diez días cerrado. La Agencia Internacional de Energía habla de la mayor sacudida al mercado desde la invasión de Kuwait en 1990. El barril ha tocado los 132 dólares, pero el FMI recuerda que el dolor no será simétrico. Italia y Reino Unido, atrapados por su adicción al gas, ya negocian racionamiento industrial. Francia y España, con más nucleares y renovables, pueden respirar… de momento.
Lo que nadie cuenta es que el 33 % de los fertilizantes del planeta también cruza ese estrecho. Suben los alimentos. En Nigeria, Etiopía o Bangladesh, donde la comida representa el 36 % del gasto familiar, la guerra les entra por la nevera. En Alemania apenas supone el 9 %. La desigualdad se mide en platos vacíos.

El helio, el nuevo talón de aquiles
Mientras los medios miran el crudo, las plantas de semiconductores luchan por encontrar helio. Irán era el cuarto proveedor mundial. Ahora los chips —desde móviles hasta coches— tardarán más y costarán más. La cadena de suministro ya no es global, es un laberinto de rutas alternativas que encarece cada envío entre un 15 y un 25 %.
El FMI avisa: un conflicto corto elevaría los precios temporalmente; si se alarga, la inflación se cristaliza y el crecimiento se desploma. La entidad presentará el 14 de abril su informe de Perspectivas de la economía mundial, pero el avance ya anticipa que 2025 será un año de tasas más altas y recuperaciones truncadas. Los países de ingresos bajos, que acababan de incorporarse al club de los que “crecen”, son los primeros en caerse de la lista.
La historia se repite con guion actualizado: cuando el petróleo tose, los ricos se resfrian y los pobres se mueren de neumonía. Esta vez la neumonía se llama inflación alimentaria y la fiebre no baja.
